de toda la Creación. Nosotros al obrar, no es como en el hombre que no pone su respiro, su
latido, su vida, su calor, en su obra, y por eso su obra se puede separar de él, ni la ama con
amor invencible y perfecto, porque de lo que se vuelve separable, el hombre puede hasta llegar
a olvidarse de su obra. En cambio, Nosotros en nuestras obras, es vida que ponemos, y se ama
tanto, que para conservarla hacemos correr siempre nuestra Vida en nuestra obra, y si vemos
peligro, como fue del hombre, ponemos nuestra Vida para salvar la vida que corre en nuestra
obra.
(3) Ahora hija mía, tu vivir en nuestro Fiat Divino comenzó al pedirte tu voluntad, que tú
voluntariamente me cediste, y Yo cuando te vi darme tu querer me sentí victorioso, y dándote
mi aliento quise pronunciar mi Fiat Omnipotente en el fondo de tu alma para renovar el acto de
la Creación; este Fiat lo repito siempre para darte vida continua en Él, y conforme se repite te
conserva a ti y mantiene su Vida en ti. He aquí por qué me sientes que frecuentemente dándote
mi aliento renuevo tu alma, y la inseparabilidad que siento es mi Voluntad Divina que me hace
amar con amor perenne lo que hemos depositado en ti; cada vez que se repite mi Fiat, cada
verdad suya que te manifiesta, cada conocimiento suyo o palabra que te dice, es un amor que
surge en Nosotros para amarte de más y para hacerse amar. Es nuestro Fiat creador y
conservador que amando su Vida y lo que ha hecho en ti, se pronuncia siempre para conservar
su Vida y la belleza de su obra. Por eso sé atenta a recibir continuamente la palabra de mi Fiat,
que es portador de creación, de vida y de conservación”.
(4) Después de esto estaba haciendo mi giro para seguir los actos del Fiat Divino en la
Creación, y habiendo llegado al Edén me he detenido en el acto cuando el hombre rechazó la
Voluntad Divina para hacer la suya. ¡Oh! cómo comprendía bien el gran mal de hacer la voluntad
humana, y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(5) “Hija mía, cierto que fue terrible el momento de la caída de Adán; en cuanto rechazó
nuestro Querer Divino para hacer el suyo, nuestro Fiat estaba en acto de retirarse del cielo, del
sol, y de toda la Creación para resolverla en la nada, porque aquél que había rechazado nuestra
Divina Voluntad, no merecía más que nuestro Fiat mantuviera el acto continuo de creación y
conservación en toda la Creación, hecha por amor del hombre y dada a él como don de su
Creador. Si no hubiera sido porque el Verbo Eterno ofreció sus méritos previstos del futuro
Redentor, como los ofrecí para preservar a la Virgen Inmaculada de la culpa original, todo se
hubiera ido a la ruina; el cielo, el sol, se habrían retirado en nuestra fuente, y retirándose nuestra
Divina Voluntad, todas las cosas creadas hubieran perdido la vida. Pero presentándose el Verbo
humanado ante la Divinidad, y haciendo presentes sus méritos previstos, todas las cosas se
mantuvieron en su puesto, y mi Fiat continuó su obra creadora conservadora, esperando a mi
Humanidad para hacerle el don legítimo que merecía, tan es verdad, que se hizo solemne
promesa al hombre, después de su caída, que habría descendido el futuro Redentor para
salvarlo, a fin de que rogara y se dispusiera a recibirlo. Todo hizo nuestra Voluntad, y con justicia
tenía derecho sobre todo; el hombre con hacer su voluntad humana le quitaba sus derechos
divinos, por eso no merecía que el sol le diese la luz, y conforme la luz lo investía se sentía
arrancar los derechos de su luz, cada cosa creada que tomaba y gozaba, eran tantos desgarros
que le hacía. Si no hubiera sido por mi Humanidad, para el hombre todo hubiera estado perdido.
Por eso el no hacer mi Divina Voluntad encierra todos los males, y perder todos los derechos,
del Cielo y de la tierra; el hacerla encierra todos los bienes, y hace adquirir todos los derechos
humanos y divinos”.
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