darlos a las criaturas, y mi Humanidad todo recibía, correspondiéndolos para dar desahogo a
tantos besos reprimidos, abrazos rechazados y amor no reconocido por tantos siglos, porque no
reinando mi Querer Divino, el hombre era incapaz de recibir lo que de bien había puesto mi
misma Voluntad en toda la Creación, y mi Humanidad poseyendo mi misma Voluntad Divina,
daba el primer desahogo y recibía y daba la correspondencia a todo lo que mi misma Voluntad
Divina había puesto en toda la Creación; por eso, en cuanto Yo salía todas las cosas creadas
hacían fiesta, y en competencia me daban lo que poseían. Así que sé atenta, y lo que más te
importe sea vivir en mi Divina Voluntad si quieres sentir a lo vivo lo que tu Jesús te dice de mi
Fiat Supremo”.
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27-3
Octubre 2, 1929
Sólo la Divina Voluntad vuelve feliz a la criatura; entrega mutua.
Quien no tiene verdadera voluntad de hacer un bien es
un pobre lisiado, y Dios no quiere servirse de él.
(1) Mi abandono y mi vivir en el Fiat Divino continúan, ¡oh! cómo es potente su fuerza creadora,
cómo es deslumbrante su luz, que infiltrándose en las fibras más íntimas del corazón, las inviste
y acariciándolas se hace lugar y en ellas erige su trono de dominio y de mando, pero con tal
dulzura raptora, que la pequeñez de la criatura queda desaparecida, pero feliz de quedar sin
vida y perdida en el Fiat Divino. ¡Oh Voluntad adorable, si todos te conocieran, cómo amarían
el perderse en Ti para readquirir tu Vida y ser felices con la misma felicidad divina! Pero mientras
mi pequeñez se perdía en el Fiat Divino, mi amable Jesús se ha movido en mi interior, y
estrechándome fuertemente a su corazón divino me ha dicho:
(2) “Hija mía, sólo mi Divina Voluntad puede volver feliz a la criatura, Ella, con su luz, eclipsa
o pone en fuga todos los males, y dice con su poder divino: ‘Yo soy la felicidad perenne, huyan
todos los males, quiero estar libre, porque delante a mi felicidad todos los males pierden la vida’.
Para quien vive completamente en mi Querer Divino, es tanto su amor que transforma las
acciones de la criatura, y sucede un intercambio de vida entre Dios y ella, intercambio de
acciones, de pasos, de latidos. Dios queda unido a la criatura y la criatura a Dios, se vuelven
seres inseparables, y en este intercambio de acciones y de vida se forma el juego entre Creador
y criatura, uno se da en poder del otro, y en este darse en poder mutuamente juegan con modo
divino, se hacen felices, hacen fiesta, y Dios y la criatura se glorían, se sienten victoriosos porque
ninguno ha perdido, pero uno ha vencido al otro, porque en mi Divina Voluntad ninguno pierde,
las pérdidas no existen en Ella. Sólo de quien vive en mi Querer puedo decir: ‘Es mi
entretenimiento en la Creación, me siento victorioso de abajarme para hacerme vencer por la
criatura, porque estoy cierto que ella no se opondrá a dejarse vencer por Mí’. Por eso tu vuelo
en mi Querer sea siempre continuo”.
(3) Después de esto estaba pensando en tantas cosas que el bendito Jesús me había dicho
sobre su Divina Voluntad, en los tantos deseos ardientes de Él por hacerla conocer, y que a
pesar de tantos deseos de Jesús no se ve nada para obtener su intento, y decía entre mí: “Qué
Sabiduría de Dios, qué misterios profundos, ¿quién puede comprenderlos? Lo quiere, está
doliente porque falta quién tome la iniciativa para hacerla conocer, muestra su corazón
anhelante, suspira que su Divina Voluntad se haga camino para hacerse conocer, para formar
su reino en medio a las criaturas, y después, como si fuera un Dios impotente, se obstaculizan
los caminos, se cierran las puertas, y Jesús tolera, y con paciencia invencible e indecible espera
que se abran las puertas y los caminos, toca a los corazones para encontrar quienes serán