Divina concentra en sí el acto continuado de toda la Creación, y la actitud de volver a verterla
en Dios. A quien posee mi Divina Voluntad todo le puedo dar, y todo puede darme, mucho más
que la Creación, habiéndola sacado en un desahogo de amor para darla a la criatura, dura y
durará siempre, y quien está en mi Divina Voluntad está como en nuestra casa, recibiendo la
continuidad de este nuestro desahogo con el acto de toda la Creación, porque con conservarla
como la hicimos, es como si estuviéramos en acto de crearla y de decir a la criatura: Este
nuestro desahogo de haber creado tantas cosas te dice: ‘Te amé, te amo y te amaré siempre’.
Y el alma que se hace dominar por nuestro Querer Divino, no pudiendo contener este nuestro
desahogo de amor tan grande, sobre las alas de Él desahoga también ella y nos dice y repite
nuestro estribillo: ‘En tu Querer te amé, te amo y te amaré siempre, siempre’. En efecto, ¿no
son todas las cosas creadas desahogos de amor que nuestro Fiat, como primer actor hacía a la
criatura? Desahogo de amor es el cielo azul, y con estar siempre extendido, adornado de
estrellas, sin jamás decolorarse ni cambiarse, hace brotar nuestro desahogo continuo hacia la
criatura. Desahogo de amor es el sol, y desahoga nuestro amor continuo con llenar de luz toda
la tierra, y todos los efectos que produce, que son innumerables, son continuos y repetidos
desahogos que hace a la criatura. Desahogo de nuestro amor es el mar, y conforme murmura
repite sus olas altísimas, ahora plácidas, ahora tempestuosas, y conforme produce los tantos
peces, éstos no son otra cosa que continuos desahogos de nuestro amor. Desahogo del amor
nuestro es la tierra, y conforme se abre para producir flores, plantas, árboles y frutos, así nuestro
amor emprende nuevamente su desahogo ardiente. En suma, no hay cosa creada por Nosotros
donde no esté el desahogo continuo de nuestro amor. ¿Pero quién está al día de tantos nuestros
desahogos? ¿Quién siente investirse por nuestra Fuerza creadora, y toca con la mano nuestras
llamas inextinguibles, hasta sentir la necesidad de corresponder con sus desahogos amorosos
a su Creador? Quien vive en nuestro Fiat Divino. Para ella es continua creación, siente la
Potencia de nuestra Fuerza creadora, que obrando en ella le hace tocar con la mano que su
Creador está en acto de crear continuamente por amor suyo, haciéndole sentir sus desahogos
jamás interrumpidos para recibir su correspondencia. Pero quién puede decirte nuestro contento
cuando vemos que la criatura, poseyendo nuestro Fiat Divino recibe y reconoce estos nuestros
desahogos, y ella no pudiendo contener el gran exceso de amor de nuestros desahogos divinos,
en nuestro mismo desahogo de amor forma su desahogo hacia su Creador. Entonces nos
sentimos como correspondidos por todo lo que hicimos en la Creación; oímos que nos dice en
su delirio de amor: ‘Majestad adorable, si estuviera en mi poder quisiera también yo crearte un
cielo, un sol, un mar, y todo lo que Tú creaste, para decirte que te amo con tu mismo amor y con
tus mismas obras, porque el amor que no obra no se puede llamar amor, pero como tu Querer
Divino me hizo don de todo lo que creaste, yo te lo doy nuevamente para decirte que te amo, te
amo’. Entonces la armonía, el intercambio de los dones, el orden, regresan entre Creador y
criatura, como fue establecido por Dios en la Creación. Ahora tú debes saber que el hombre
con hacer su voluntad perdió el orden, la armonía, y perdió los derechos del don de la Creación,
porque sólo en quien reina mi Divina Voluntad, siendo Ella la creadora de toda la Creación,
donde Ella reina, siendo cosa suya, hace don con derecho a la criatura, pero donde no reina se
puede llamar una intrusa en sus obras, y por eso no puede hacerla de dueña, ni dar a Dios lo
que no es suyo, ni puede sentir todos nuestros desahogos de amor que existen en la Creación,
porque no tiene nuestra Divina Voluntad en su posesión que le diga nuestra historia de amor;
sin nuestro Querer Divino el hombre es el verdadero ignorante de su Creador, y como el pequeño
discípulo sin el maestro. ¡Oh, cómo es doloroso ver al hombre sin nuestro Fiat! Mucho más que
nuestra Creación es nuestra portavoz, es la portadora de nuestros besos amorosos, de nuestros
abrazos afectuosos. ¡Oh! cómo sentía todo esto mi Humanidad estando sobre la tierra,
conforme salía al exterior, el sol me daba el beso que mi misma Voluntad había depositado en
su luz para darlo a las criaturas; el viento me daba las caricias, los abrazos que contenía en
depósito de mi misma Divina Voluntad; toda la Creación está preñada de carismas divinos para
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