no nos pertenece, y cuando vemos que no se da toda, no la hacemos cosa nuestra, y ella queda
la pequeñez y la nada que es, y Nosotros quedamos con nuestro Todo que somos”.
(4) Después de esto continuaba mi abandono en el Supremo Fiat, pero me sentía triste por
ciertas cosas que no es necesario escribirlas, y mi siempre amable Jesús, moviéndose a
compasión me ha estrechado entre sus brazos, y todo amor me ha dicho:
(5) “¡Oh! cómo me es querida la hija de mi Querer. Tú debes saber que la tristeza no entra
en mi Divina Voluntad. Ella es alegría perenne que vuelve pacífica y feliz su morada donde
reina, por eso esta tristeza, si bien sé que es por causa mía, es cosa vieja de tu voluntad humana,
y las cosas viejas no las recibe en tu alma mi Voluntad Divina, porque tiene tantas de las nuevas,
que no alcanza el espacio de tu alma para ponerlas todas, por eso fuera tu tristeza, fuera. ¡Oh!
si supieras cuántas singulares bellezas forma en el alma mi Divina Voluntad; donde Ella reina
forma su cielo, su sol, su mar y el vientecillo de sus refrigerios y frescuras divinas; Ella, siendo
artífice insuperable, tiene en Sí misma la habilidad del arte de la Creación, y cuando entra en la
criatura para formar su reino, tiene un deseo excesivo de repetir su arte, y por eso ahí extiende
su cielo, forma el sol y todas las bellezas de la Creación, porque donde Ella reina quiere sus
cosas, y con su arte las forma y se hace circundar de las obras dignas de mi Fiat, por eso la
belleza del alma donde Ella reina es indescriptible. ¿No sucede esto también en el orden
humano? Cuando se hace un trabajo, con hacerlo no pierde su arte, el arte permanece dentro
de la criatura como propiedad suya, y cuantas veces quiere repetir su trabajo, tiene virtud de
repetirlo, y si el trabajo es bello, ansía tener ocasión de repetirlo. Tal es mi Voluntad Divina, el
trabajo de la Creación es bello, majestuoso, suntuoso, pleno de orden y armonía indecible, así
que va buscando ocasión para repetirlo, y esta ocasión se la dan las almas que le dan la libertad
de hacerla dominar y extender su reino en ellas. Por eso, ánimo, aleja de ti lo que no pertenece
a mi Fiat Divino, a fin de que quede libre en su trabajo divino, de otra manera formarías las nubes
en torno a ti, las cuales impedirían que mi Luz se engrandeciera y resplandeciera con sus
refulgentes rayos en tu alma”.
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27-2
Septiembre 28, 1929
Primer beso, desahogo entre Madre e Hijo. Cómo todas las
cosas creadas contienen cada una su desahogo. Quien vive
en el Fiat es continua creación. Contento divino.
(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación y Redención, y mi pequeña inteligencia se ha
detenido cuando mi agraciado niñito, en el acto de salir del seno materno se abalanzó a los
brazos de la Mamá Celestial, y sintiendo la necesidad de hacer su primer desahogo de amor,
estrechó con sus pequeños brazos el cuello de su Mamá y la besó. También la Divina Reina
sintió la necesidad de hacer su primer desahogo de amor hacia el infante divino, y le
correspondió el beso materno con tal afecto, de sentir que se le salía el corazón del pecho; eran
los primeros desahogos que hacían Madre e Hijo. Y yo pensaba entre mí: “¿Quién sabe cuántos
bienes encerraban en este desahogo?” Y mi dulce Jesús haciéndose ver como pequeño niño
en acto de besar a su Mamá, me ha dicho:
(2) “Hija mía, cómo sentí la necesidad de hacer este desahogo con mi Mamá, porque todo lo
que ha sido hecho por nuestro Ser Supremo no ha sido otra cosa que un desahogo de amor, y
Yo concentraba en la Virgen Reina todo nuestro desahogo de amor que tuvimos en la Creación,
porque estando en Ella mi Divina Voluntad, era capaz de poder recibir con mi beso este nuestro
desahogo tan grande, y de podérmelo corresponder, porque sólo quien vive de mi Voluntad
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