(6) Y Él: “Debes huir del pecado, aun de la sombra de éste, pero de lo demás no debes
preocuparte”.
(7) Y yo: “Y si no fuera tu Voluntad, ¿en qué aprovecharía estar así?”
(8) Y Él: “Ah, me parece que mi hija quiere rehuir el estado de víctima, ¿no es verdad?”
(9) Y yo enrojeciendo toda he dicho: “No Señor, digo esto por las veces que no me haces
sufrir y no vienes, por lo demás hazme sufrir y yo no me preocuparé”.
(10) Y Jesús: “Y a Mí me parece que quieres rehuirlo. Además, ¿acaso sabes tú qué hora he
reservado para venir y comunicarte mis penas, si la primera, la segunda, la tercera, o quizá la
última hora? Por lo que distrayéndote de Mí y esforzándote por salir te ocuparás en otra cosa, y
Yo viniendo no te encontraré preparada, daré la vuelta y me iré a otra parte”.
(11) Y yo toda espantada: “Jamás sea, oh Señor. No quiero saber otra cosa que tu Santísima
Voluntad”.
(12) Y Él: “Permanece calmada y espera al confesor”.
(13) Dicho esto ha desaparecido. Parece que me siento aliviada de un gran peso por este
hablar de Jesús, pero con todo esto no ha disminuido en mí la pena dolorosa cuando Jesús me
priva de Él.
+ + + +
3-58
Abril 9, 1900
Abandono en Dios.
(1) Habiendo recibido la comunión esta mañana, me encontraba en un mar de amarguras
porque no veía a mi sumo Bien Jesús, todo mi interior me lo sentía inquieto, cuando en un
instante se ha hecho ver y me ha dicho casi reprendiéndome:
(2) “¿No sabes tú que el no abandonarse en Mí es un querer usurpar los derechos de mi
Divinidad, haciéndome una gran afrenta? Por eso abandónate y aquieta tu interior todo en Mí y
encontrarás la paz, y encontrando la paz me encontrarás a Mí mismo”.
(3) Dicho esto, como relámpago ha desaparecido sin hacerse ver más. ¡Ah Señor, tenme Tú
toda abandonada y bien estrechada en tus brazos, de modo que no pueda huir jamás, de otra
manera haré siempre mis escapaditas!
+ + + +
3-59
Abril 10, 1900
Los deseos de ver a Jesús lo atraen al alma.
(1) Continúa el bendito Jesús sin venir. ¡Oh Dios, qué pena indecible es su privación! Buscaba
cuanto más podía el estarme en paz y toda abandonada en Él, pero qué, mi pobre corazón no
podía más, hacía lo más que podía para calmarlo, le decía: “Corazón mío, esperemos otro poco,
a lo mejor viene, usemos alguna estratagema de amor para atraerlo a que venga”. Y
dirigiéndome a Él le decía: “Señor, ven, se hace tarde y Tú no vienes aún. Esta mañana busco
por cuanto puedo el estarme calmada, no obstante no te haces encontrar. Señor, te ofrezco el
martirio de tu privación como testimonio de amor, y para hacerte un presente para atraerte a
venir. Es verdad que no soy digna, pero no es porque sea digna que te busco, sino por amor, y
porque sin Ti me siento faltar la vida”. Y como no venía, le decía: “Señor, o vienes o te cansaré
164 sig