con mis palabras, y cuando estés cansado, ¿ni siquiera entonces vendrás?” ¿Pero quién puede
decir todos mis desatinos? Le decía tantos, que me alargaría demasiado si quisiera decirlos
todos.
(2) Después de esto veía a mi dulce Jesús que se movía dentro de mi interior, como si se
despertase de un sueño, luego se ha hecho ver más claro, y transportándome fuera de mí misma
me ha dicho:
(3) “Así como el pájaro cuando debe volar mueve las alas, así el alma en los vuelos de los
deseos mueve las alas de la humildad, y en esos movimientos envía un imán que me atrae, de
modo que mientras ella emprende su vuelo para venir a Mí, Yo emprendo el mío para ir a ella”.
(4) ¡Ah Señor, se ve que me falta el imán de la humildad! Si yo en mi camino expandiera por
doquier el imán de la humildad, no sufriría tanto en esperar y esperar tu venida!
+ + + +
3-60
Abril 16, 1900
Las tres firmas del pasaporte de la bienaventuranza en la tierra.
(1) Después de haber pasado días amargos de privación y de reproches del bendito Jesús
por mis ingratitudes y resistencias a su Querer y a sus gracias, esta mañana al venir me ha
dicho:
(2) “Hija mía, el pasaporte para entrar en la felicidad que el alma puede poseer sobre esta
tierra, debe ser firmado con tres firmas, y estas son: la resignación, la humildad y la obediencia.
(3) La resignación perfecta a mi Querer es cera que funde nuestros quereres y de ellos forma
uno solo, es azúcar y miel, pero si hay una pequeña resistencia a mi Querer la cera se desune,
la azúcar se vuelve amarga y la miel se convierte en veneno. Ahora, no basta estar resignada,
sino que el alma debe estar convencida que el mayor bien para sí misma y el mayor modo de
glorificarme es el hacer siempre mi Voluntad. He aquí la necesidad de la firma de la humildad,
porque la humildad produce este conocimiento. ¿Pero quién ennoblece estas dos virtudes?
¿Quién las fortifica? ¿Quién las hace perseverantes? ¿Quién las encadena juntas en modo de
no poderse separar? ¿Quién las corona? La obediencia. ¡Ah sí! La obediencia destruyendo del
todo el propio querer y todo lo que es material, espiritualiza todo, y como corona se pone
alrededor, así que la resignación y la humildad sin la obediencia estarán sujetas a inestabilidad,
pero con la obediencia serán firmes y estables, y he aquí la estrecha necesidad de la firma de
la obediencia, para hacer que este pasaporte pueda correr para pasar al reino de la
bienaventuranza espiritual que el alma puede gozar desde aquí. Sin estas tres firmas el
pasaporte no tendrá valor, y el alma será siempre rechazada del reino de la bienaventuranza y
estará obligada a estar en el reino de la inquietud, de los temores y de los peligros, y para su
desgracia tendrá por dios a su propio yo, y este yo estará cortejado por la soberbia y por la
rebelión”.
(4) Después de esto me ha transportado fuera de mí misma, dentro de un jardín, que parecía
que era el jardín de la Iglesia, en el cual veía que se desviaban, a causa de cinco o seis personas,
sacerdotes y seglares, que uniéndose con los enemigos de la Iglesia movían una revolución.
¡Qué pena daba ver a Jesús bendito llorar el triste estado de estas personas! Después he visto
en el aire y veía una nube de agua llena de grandes pedazos de hielo que caían sobre la tierra.
¡Oh, cuánto destrozo hacían sobre las cosechas y sobre la humanidad!. Pero espero que quiera
aplacarse. Entonces, más afligida que antes he regresado en mí misma.
+ + + +
165 sig