su nacimiento encerró en su corazoncito materno, como en medio de dos alas, a todas las
generaciones como hijos renacidos en su virginal corazón, para calentarlos, para tenerlos
defendidos, crecerlos y nutrirlos con la sangre de su corazón materno. He aquí la causa por la
que esta tierna Madre Celestial ama tanto a las criaturas, porque todas han renacido en Ella, y
siente en su corazón la vida de sus hijos. ¿Qué cosa no puede hacer nuestra Divina Voluntad
donde reina y tiene su Vida? Ella le encierra todo y a todos, y la hace portadora y dadora de
bienes a todos. Así que todos sienten, bajo su manto azul, el ala materna de su Madre Celestial
y encuentran en su materno corazón su lugarcito donde ponerse al seguro.
(3) Ahora hija mía, quien vive en mi Divina Voluntad renueva su renacimiento y duplica los
renacimientos a todas las generaciones humanas; mi Suprema Voluntad cuando vive dentro de
un corazón y en él extiende la plenitud de su luz interminable, concentra todo y a todos, hace
todo, renueva todo, da nuevamente todo lo que por siglos y siglos no ha podido dar por medio
de las otras criaturas. Así que Ella se puede llamar el alba del día, la aurora que llama al sol, el
sol que alegra toda la tierra, la ilumina, la calienta, y con sus alas de luz, más que tierna madre
abraza todo, fecunda todo, y con su beso de luz da las más bellas tintas a las flores, la dulzura
más exquisita a los frutos, la maduración a todas las plantas. ¡Oh! si mi Voluntad Divina reinase
en medio a las criaturas, ¿cuántos prodigios no obraría en medio de ellas? Por eso sé atenta,
cada cosa que haces en mi Fiat Divino es un renacimiento que haces en Ella, y renacer en Ella
significa renacer en el orden divino, renacer en la luz, renacer en la santidad, en el amor, en la
belleza, y en cada acto de mi Voluntad, la voluntad humana sufre la muerte, muriendo a todos
los males y revive a todos los bienes”.
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26-31
Septiembre 15, 1929
El sol: símbolo de la Divina Voluntad. El germen
de la Divina Voluntad en el acto de la criatura.
(1) Estaba repitiendo mis actos en el Divino Querer para seguir los suyos en todas sus obras,
y pensaba entre mí: “¿En qué aprovecha repetir siempre los mismos actos, cuál gloria puedo
dar a mi Creador?” Y mi dulce Jesús, saliendo de dentro de mi interior me ha estrechado entre
sus brazos para confirmarme y me ha dicho:
(2) “Hija mía, la repetición de tus actos en mi Fiat Divino rompe el aislamiento de Él, y genera
la compañía a todos los actos que hace la Divina Voluntad. Así que Ella no se siente más sola,
sino que tiene a quién puede decirle sus penas, sus alegrías y a quién confiar sus secretos. Y
además, un acto repetido continuamente es virtud divina, y tiene virtud de generar los bienes
que no existen, de reproducirlos y comunicarlos a todos. Un acto continuado es capaz de formar
la vida y de poder dar vida. Mira el sol, símbolo de mi Divina Voluntad, jamás deja a la criatura
y jamás se cansa de hacer su acto continuado de luz; cada día regresa a visitar la tierra, dando
siempre sus bienes, regresa para encontrar con su ojo de luz los bienes ya dados, y que muchas
veces no encuentra: no encuentra la flor que ha coloreado con la belleza de sus tintas, y
perfumado sólo con tocarlas con sus manos de luz; no encuentra el fruto, al cual, penetrando en
lo íntimo ha comunicado su dulzura y madurado con su calor; cuántas cosas no encuentra el sol
después que se ha prodigado con tantos actos, más que maternos, para formar las más bellas
florituras y formar tantas plantas, hacer crecer tantos frutos con su aliento de luz y de calor,
porque el hombre arrancándolos de la tierra se ha servido de ellos para alimentar su vida. ¡Oh!
si el sol fuese capaz de razón y de dolor, se cambiaría en lágrimas de luz y de fuego ardiente
para llorar sobre cada cosa que ha formado y no encuentra, pero a pesar de su dolor no
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