cambiado en alimento de dolor. ¡Oh Dios, qué pena! respirar y latir dolor intenso de estar privada
de Aquél que me era más que vida propia, sólo el abandono en el Fiat me da la fuerza para
soportar un dolor tan grande. Pero mientras esto sentía, mi dulce Jesús saliendo de mi interior
y estrechándome entre sus brazos me ha dicho:
(2) “Hija mía, ánimo, no te abatas demasiado; dime, ¿quién forma el día? El sol, ¿no es
verdad? ¿Y por qué forma el día? Porque es un acto de mi Voluntad Divina. Ahora, conforme
la tierra gira, la parte que se aparta del sol queda a oscuras y forma la noche, y la pobre tierra
queda lúgubre, como bajo un manto de tristeza, de modo que todos sienten la realidad de la
noche y el gran cambio que sufre la tierra con haber perdido el astro benéfico de la luz, esto es,
el acto de mi Divina Voluntad que creó el sol y lo conserva con su acto continuo. Así el alma,
hasta en tanto gira bajo el acto continuo de mi Querer, es siempre para ella pleno día; noche,
tinieblas, tristeza, no existen. El acto continuo de mi Fiat, más que sol le sonríe, la mantiene en
fiesta; en cambio si gira en su voluntad humana, más que tierra permanece a oscuras, en la
noche de su voluntad humana, la cual dominando al alma produce tinieblas, dudas, tristeza, y
forma la verdadera real noche a la pobre criatura. ¿Quién puede decirte el gran bien, el día
brillantísimo que produce un acto de mi Divina Voluntad sobre la criatura? Ella, con su acto
continuo produce todos los bienes y la felicidad en el tiempo y en la eternidad, por eso sé atenta,
enciérrate toda tú misma dentro de un acto solo de mi Divina Voluntad, no salgas jamás si
quieres vivir feliz, y tener en tu poder la vida de la luz y el día que jamás termina. Un acto de mi
Divina Voluntad es todo para la criatura; Ella, con su acto continuo que jamás cesa y jamás se
cambia, más que tierna madre tiene estrechada a su seno a aquélla que se abandona en su
acto de luz, y alimentándola de luz la hace crecer, como parto suyo, noble y santa, y la tiene
defendida en su misma luz”.
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26-30
Septiembre 8, 1929
El nacimiento de la Virgen fue el renacimiento de toda la humanidad.
(1) Mi pobre mente se perdía en el mar inmenso del Fiat Divino, donde se encuentra todo en
acto, como si no hubiese ni pasado ni futuro, sino todo presente y todo en acto; así que cualquier
cosa que se quiera encontrar de las obras de su Creador en el Divino Querer, mi pequeña alma
la encuentra como si en acto la estuviera haciendo, y como estaba pensando en el nacimiento
de mi Mamá Celestial, para darle mis pobres homenajes, y llamaba junto a mí a toda la Creación
a alabar a la Soberana Reina, mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, también Yo quiero alabar junto contigo y con toda la Creación el nacimiento de
la Alteza de mi Mamá. Tú debes saber que este nacimiento encierra en sí el renacimiento de
toda la familia humana, y la Creación toda se sintió renacida en el nacimiento de la Reina del
Cielo. Todo saltó de alegría, se sentían felices de tener su Reina, porque hasta entonces se
sentían como pueblo al cual le faltaba su Reina, y en su mutismo esperaban aquel día feliz para
romper su silencio y decir: ‘Gloria, amor, honor a Aquélla que viene en medio a nosotros como
Reina nuestra, no estaremos más sin defensa, sin quien nos domine, sin fiesta, ya que apareció
Aquélla que forma nuestra gloria perenne.’ Esta celestial niña, con tener íntegra en su alma
nuestra Divina Voluntad, sin jamás hacer la suya, readquirió todos los derechos del Adán
inocente ante su Creador y la soberanía sobre toda la Creación, por eso todos se sintieron
renacer en Ella, y Nosotros veíamos en esta Virgen Santa, en su pequeño corazón, todos los
gérmenes de las generaciones humanas. Así que por medio suyo la humanidad readquiría los
derechos perdidos, por eso su nacimiento fue el nacimiento más bello, más glorioso; Ella, desde