humana pierde los tristes efectos y queda bella como salió de nuestras manos creadoras. Ahora,
en la Reina del Cielo todo nuestro trabajo fue sobre la voluntad humana, la cual recibió con
alegría el dominio de la nuestra, y la nuestra, no encontrando ninguna oposición por parte de la
suya, obró prodigios de gracias, y en virtud de mi Querer Divino quedó santificada y no sintió los
tristes efectos y los males que sienten las otras criaturas. Por eso hija mía, quitada la causa,
los efectos terminan. ¡Oh, si mi Divina Voluntad entra en las criaturas y reina en ellas, expulsará
todos los males en ellas y le participará todos los bienes en el alma y en el cuerpo!”
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26-25
Agosto 3, 1929
Cuando Dios decide hacer obras que deben servir a todos,
en su arrebato de amor pone a todos a un lado. Cómo el
Ser Supremo posee la veta inagotable.
(1) Continúo mi habitual abandono en el Fiat Divino, me lo siento como concentrado sobre mi
pequeña existencia, siento su inmensidad, su potencia, su fuerza creadora y raptora, que
envolviéndome por todas partes no me es dado el poderle resistir, pero me siento feliz de esta
mi debilidad, y voluntariamente quiero ser débil para sentir toda la potencia del Querer Divino
sobre mi pequeñez. Pero mientras me sentía abismada en Él, mi dulce Jesús, haciéndose oír y
ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, nuestra Divinidad cuando se decide a hacer obras universales, al alma que viene
elegida como primera, a la cual confiamos una obra que debe servir para el bien de todos, es
tanto el arrebato de nuestro amor, que ponemos todo y a todos a un lado, como si ningún otro
existiera, y concentramos todo nuestro Ser Divino sobre de ella y le damos tanto de lo nuestro,
hasta formar mares en torno a ella y ahogarla en todos nuestros bienes, y queremos dar tanto,
porque el arrebato de nuestro amor nos lleva a no detenernos jamás, para ver en ella nuestra
obra completa, por medio de la cual todo y todos pueden gozar y tomar los bienes universales
que nuestra obra encierra. Con esto, no que no veamos lo que hacen las otras criaturas, porque
nuestra omnividencia e inmensidad nada nos esconde, estamos al día de todo, y de Nosotros
parte la vida y las ayudas a todos, pero obramos en modo, y nos comportamos, como si ningún
otro existiera. Así obramos en la Creación, después de haber formado cielos, soles, tierra,
ordenando todo con armonía y magnificencia tal de hacer quedar estupefacto, al crear al hombre
nos concentramos sobre él, y fue tanto el arrebato de nuestro amor, regurgitó tan fuerte, que
formando un velo en torno a Nosotros nos hizo desaparecer todo, mientras que todo veíamos,
y nos ocupamos sólo del hombre; ¿qué cosa no vertimos en él? Todo. Si en la Creación fue la
magnificencia y belleza de nuestras obras, en el hombre fue no sólo la concentración de todas
nuestras obras concentradas en él, sino lo que es más, el establecimiento de nuestra Vida.
Nuestro amor regurgitaba, no se daba descanso, quería dar siempre, porque veía en él a todas
las generaciones humanas. Así obramos en la Reina del Cielo, todo fue puesto a un lado, todo
el mal de las otras criaturas, y nos ocupamos sólo de Ella, y vertimos tanto que fue la llena de
gracia, porque debía ser la Madre universal y causa de la Redención de todos. Así estamos
obrando contigo, para el reino de nuestro Querer Divino estamos haciendo como si ningún otro
existiese, si quisiéramos mirar lo que hacen las otras criaturas, los males que cometen, las
ingratitudes, el reino de nuestro Querer estaría siempre en el Cielo, y no sólo eso, sino que ni
siquiera nos sentiríamos dispuestos a decir una sola verdad de nuestro Fiat Supremo. Pero
nuestro amor, formando su velo de amor a todos los males de las criaturas, nos pone todo a un
lado, y regurgitando fuerte no sólo nos hace hablar de Él, sino que es lo que más nos hace
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