vino, y después de haber venido, ¿en qué modo se encontraba la Divina Voluntad con relación
a las criaturas? Y mi dulce Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad con su inmensidad ha estado siempre en medio a las criaturas,
porque Ella, por su naturaleza, no hay punto donde no se encuentre, y las criaturas no pueden
estar sin Ella, sería lo mismo que no tener vida ni percibirla, sin mi Divina Voluntad todas las
cosas se resolverían en la nada; mucho más que el acto primero de todas las cosas creadas es
mi Fiat Divino, Él es como la cabeza a los miembros, y si uno quisiera decir: ‘Puedo vivir sin la
cabeza’, esto le resultaría imposible, es la más grande de las locuras el sólo pensarlo. Sin
embargo el reinar es una cosa, es el ser reconocida, amada, suspirada y depender de Ella como
dependen los miembros de la cabeza, esto es reinar; en cambio estar en medio de las criaturas,
no es reinar si no se depende del todo de Ella. Ahora, mi Divina Voluntad, antes de mi venida a
la tierra, si bien con su inmensidad estaba en medio de las criaturas, pero las relaciones que
había entre estas y Ella, eran como si viviese en tierra extranjera, y desde lejos recibían las
escasas comunicaciones, las breves noticias que les anunciaban mi venida a la tierra. Qué
dolor, estar en medio de ellas y no ser reconocida y tenerla tan lejos de su voluntad como si
estuviera en tierra extranjera. Con mi venida, como Yo la poseía como vida, y mi Humanidad la
reconocía, la amaba y la hacía reinar, por medio mío se acercó a las criaturas, y las relaciones
que Ella tenía con ellas eran como si no más estuviera en tierra extranjera, sino en sus tierras,
pero como no la conocieron ni le dieron el dominio de hacerla reinar, por eso no se puede decir
que mi Querer Divino haya formado su reino. Por eso mi venida a la tierra sirvió para acercar a
las dos voluntades, humana y Divina, y ponerlas en íntimas relaciones y aumentar las noticias
para hacerla conocer, tanto, que enseñé el Padre Nuestro para hacerlos decir venga tu reino,
hágase tu Voluntad como en el Cielo así en la tierra. Si mi Querer no vive como en el Cielo así
en la tierra, no se puede decir que tiene su reino en medio a las criaturas; he aquí por qué en el
tiempo del reino de Ella no sólo estará en medio a las criaturas, sino dentro de cada una de ellas
como vida perenne, y para llegar a eso debe ser reconocida como cabeza y vida primaria de
cada una de las criaturas, pero como esta cabeza no es reconocida, no fluye en los miembros
su fuerza, su santidad, su belleza, ni hace correr en ellos su sangre noble y divina, por eso no
se ve la vida del Cielo en las criaturas. He aquí el por qué amo tanto que mi Divina Voluntad
sea conocida, el conocimiento hará surgir el amor, y sintiéndose amada y suspirada se sentirá
atraída a venir a reinar en medio a las criaturas”.
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26-23
Julio 27, 1929
El reino de la Divina Voluntad y el de la Redención han ido
siempre juntos. Jesús formó los materiales y los edificios, y
no se necesita otra cosa que los pueblos.
(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación para seguir todos los actos que había hecho en
Ella la Divina Voluntad, y habiendo llegado al momento cuando el Ser Supremo creó a la Virgen,
me he detenido a considerar el gran portento del cual tuvo principio la Redención, y mi dulce
Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, la Redención y el reino de mi Divina Voluntad han ido siempre juntos; para venir
la Redención se necesitaba una criatura que viviese de Voluntad Divina, como vivía Adán
inocente en el Edén antes de pecar, y esto con justicia, con sabiduría, por nuestro decoro, a fin
de que el rescate del hombre caído estuviese basado sobre el principio del cómo el orden de
nuestra sabiduría creaba al hombre. Si no hubiera una criatura en la cual mi Fiat Divino tuviera