26-19
Julio 8, 1929
Flores que hace surgir la Divina Voluntad. Canto, murmullo de
de amor continuo, amor delirante y doliente. Quien hace la Divina
Voluntad forma el mar refrescante al amor divino.
(1) Mi pequeñez se pierde y queda sofocada en el mar del dolor de la privación de mi amado
Jesús; y sintiéndome sufriente más de lo acostumbrado, suspiraba porque mi naturaleza se
deshiciese, para salir de mi cárcel y emprender el vuelo a mi patria celestial; habría querido girar
por todas partes en su Santísimo Querer y mover Cielo y tierra, a fin de que todos junto conmigo
tuviesen un grito, una lágrima, un suspiro por esta pobre exiliada, a fin de que todos pidiesen el
fin de mi exilio. Pero mientras me desahogaba en mis amarguras, mi amable Jesús ha salido
de dentro de mi interior, y dándome un beso y estrechándome entre sus brazos me ha dicho:
(2) “Hija mía, tranquilízate, estoy aquí, en ti, pero mientras estoy contigo dejo el campo libre
del trabajo a mi Divina Voluntad, y como tiene su acto primero en ti, por eso sucede que adviertes
lo que Ella hace en ti, su trabajo, y Yo porque estoy dentro de Ella no sientes que estoy junto en
su trabajo, pues soy inseparable de mi Divina Voluntad, y lo que hace Ella hago Yo. Ahora, tú
debes saber que no sólo en tu alma quiere hacer mi Divino Querer su obra, tener su campo de
acción, su dominio absoluto, todo suyo, sino también en la tierra de tu cuerpo, sobre tus
sufrimientos expande su beso de luz y de calor, y con su luz produce la semilla, con su calor la
fecunda y forma el brote, y alimentando con el continuo calor y luz este brote hace surgir las
flores de luz, con gran variedad de colores, animados siempre por la luz, porque no sabe hacer
ninguna cosa, ni grande ni pequeña, en que no hace correr dentro su luz. Estas flores no son
como las de la tierra, que no tienen luz y están sujetas a secarse, éstas tienen vida perenne
porque son alimentadas por la luz de mi Fiat, y es tal y tanta la variedad de la belleza de ellas,
que formará el más bello adorno a la tierra de tu humanidad”.
(3) Dicho esto ha hecho silencio, y yo me sentía inmersa en el mar del Querer Divino, y mi
dulce Jesús ha vuelto a decir:
(4) “Hija mía, el mar de nuestra Divinidad murmura siempre, sin cesar jamás, ¿pero sabes tú
qué dice en su murmullo? ¡Amor, amor hacia la criatura! Y es tanto el ímpetu de nuestro amor,
que en nuestro murmullo continuo hacemos salir amor, y formamos tales olas altísimas, de poder
ahogar Cielo y tierra, a todas las criaturas, a todo en amor, y viendo que no se dejan llenar todas
de nuestro amor, con el deseo de ver llenas de nuestro amor a las criaturas, se forma en
Nosotros el amor delirante, y en nuestro delirio, haciendo a un lado la ingratitud humana y
murmurando, repetimos más fuerte: ¡Amor, siempre amor a quien desconoce y no toma nuestro
amor para hacerse amar y darnos amor! Ahora, nuestro amor rechazado se pone en actitud de
amor doliente, ¿pero sabes tú quién viene a poner refrigerio y calma a nuestros delirios
amorosos? ¿Quién endulza y hace sonreír a nuestro amor doliente? El alma que vive en nuestro
Querer Divino. Él forma su mar en la criatura, nuestro mar y el suyo se arrojan uno en el otro y
uno corre en el otro, y ¡oh! cómo es dulce el murmullo de la criatura en nuestro murmullo, que
repite continuamente: Amor, amor, siempre amor a mi Creador, a mi eterna vida, a Aquél que
tanto me ama. Entonces mira, quien vive en nuestro Fiat Divino es nuestro refrigerio a nuestro
amor que nos devora, y forma el mar dulce a nuestro amor doliente. ¡Oh! prodigio de nuestro
Querer Divino, que haciendo uso de su poder forma su mar en la criatura, y poniéndola en
competencia con Nosotros, no sólo la hace murmurar continuamente amor, sino que la eleva
tanto, que arrojándola en nuestro mar, cuando nos sentimos ahogados, devorados por nuestro
amor, que no pudiéndolo contener sentimos necesidad de amor, nos hace desahogar en el mar
que nuestro Fiat ha formado en la criatura que vive en Él, y pone tregua a nuestros delirios