medio, no hubieran sido ni vínculos, ni dones lo que Yo hacía, sino simples noticias, y por eso
para hacerte una manifestación sobre mi Divina Voluntad estaba esperando un acto tuyo, una
pequeña pena, aun un solo ‘te amo’ tuyo, para tomar ocasión de hablarte, quería de lo tuyo para
darte de lo mío, y poderte dar el gran don de mi Divino Querer. Y además, todas nuestras obras
externas son una transmisión de divino y humano. En la misma Creación hay una transmisión
continua: Nuestro Fiat creó el cielo, lo adornó de estrellas, pero llamó a vida la materia para
hacerlo; creó el sol, pero llamó a vida la luz y el calor como materia para formarlo; creó al hombre,
primero formé su estatua de tierra, infundí el alma humana en él, y después cree la vida de mi
amor sobre de esta alma, y después se conectó mi Divina Voluntad con la suya para formar su
reino en la criatura; no hay cosa salida y creada por Nosotros en la cual no haya esta transmisión
de humano y divino, en nuestras obras más bellas: la Creación, la Inmaculada Reina, el Verbo
Humanado, están de tal manera vinculados lo humano y lo divino, que son inseparables, y por
eso los cielos están tan impregnados de Dios, que narran mi gloria, la potencia y sabiduría
nuestra; la Virgen mi portadora, mi Humanidad el Verbo encarnado. Ahora, queriendo hacer
conocer mi Divina Voluntad, a la primera transmisión que hice en el Edén, que me fue rechazada,
para poder salir de nuevo en campo el reino de mi Fiat Divino necesitaba formar la segunda
transmisión, y ¿cómo podía hacerla si no enlazaba a otra criatura con vínculos casi inseparables
en los conocimientos, en la luz y en la misma Vida de mi Eterno Querer? Y si no te enlazaba
con Ella, conectándote a ti en Ella, y a Ella en ti, no habrías sentido en ti, ni su Vida ni su luz
permanente, ni habrías sentido en ti la necesidad de amarla y el ansia de conocerla mayormente.
He aquí el por qué te ponía a ti y a Mí en condición, tú de darme y Yo a darte, y en ese recíproco
dar formaba el conocimiento que quería darte, y venía realizada la transmisión de mi Voluntad
Divina con la tuya, con volverte conquistadora del gran bien que te hacía”.
(5) Después, continuando mi abandono en el Fiat Divino, que por cuanto me apresuro a
recorrerlo todo, no lo logro jamás, más bien veo que me queda tanto por caminar en su mar de
luz, que ni siquiera puedo descubrir donde terminan sus confines interminables. Así que por
cuanto me apresuro, mi camino no terminará jamás, tendré siempre qué hacer y caminar en el
mar del Eterno Querer. Luego mi dulce Jesús ha agregado:
(6) “Hija mía, cómo es grande el mar de mi Querer, no tiene principio ni fin, por eso la pequeñez
de la criatura no puede ni recorrerlo ni abrazarlo todo, pero quien vive en Él se encuentra en
camino en el centro del mar, que no le será dado jamás salir de dentro de su centro, porque no
encontrará jamás ni playa, ni confines de él. Es más, adelante y atrás, a derecha y a izquierda,
no encontrará más que mar de Voluntad Divina, y cada acto que haga en Ella le viene dado un
derecho divino, porque habiendo sido hecho su acto dentro y junto con mi Querer Divino, Él, con
justicia divina comunica al alma el derecho de la luz divina, el derecho de su santidad, el derecho
de su belleza, de su bondad, de su amor. Ella vive en el mar de mi Querer con derecho, no
como extraña, sino como dueña, porque tiene sus actos cambiados en derechos divinos, que la
han vuelto conquistadora de mi Divina Voluntad. Y si tú supieras cuánto gozamos, cómo nos
sentimos felices al ver la pequeñez de la criatura vivir en el mar de nuestro Querer, no como
extraña, sino como dueña; no como sierva, sino como reina; no pobre sino riquísima, y rica de
nuestras conquistas que ha hecho en nuestro Fiat. Por eso quien vive en nuestro Querer Divino
sentirá en sí, con derecho, el dominio de la luz, el dominio de la santidad, el dominio de la belleza
y de hacerse bella como quiere, tiene la bondad a su disposición, el amor como sustancia de
sus actos, mi Voluntad Divina como vida propia y toda suya, y todo esto con derecho divino dado
por Nosotros mismos. Por eso sé atenta en multiplicar tus actos en nuestro adorable Fiat”.
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