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Mayo 28, 1929
Cuando Jesús habla de su Querer se abajan los Cielos;
fiesta de todo el Cielo. El Divino Querer es corona de la
Creación y de la Redención. Dolor de Jesús porque
no se conoce el Fiat Divino.
(1) Mi pequeña inteligencia no hace otra cosa que navegar en el mar interminable del Fiat
Divino, y conforme forma sus olas de luz así murmura su lenguaje celestial y divino, y pone fuera
sus secretos, y con palabras arcanas se manifiesta a mi pequeña alma, y muchas veces mi
dulce Jesús sale de dentro de aquellas olas de luz, corre, me abraza y se pone la mano en su
corazón para sostenerlo, tanto es el ímpetu de su amor porque escucha y habla de su Querer
Santísimo. Ahora, mientras me encontraba en este estado, mi amado Jesús me ha dicho:
(2) “Hija de mi Querer, si supieras qué amor siento cuando me decido a hablarte de mi Fiat
Divino; cada vez que te he hablado de Él, los Cielos se han abajado, tanta era la estima y la
veneración que sentían, y haciendo homenaje a lo que Yo debía decir, y abajándose, todos se
ponían atentos a escucharme, y mientras Yo hablaba sentían en ellos nuevas creaciones de
Vidas Divinas, nuevas alegrías, nuevas bellezas, porque cuando se trata de hablarte de otros
conocimientos de mi Fiat Divino, todo el Cielo siente la potencia de Él y hacen competencia en
escuchar y en recibir los nuevos efectos de aquellos conocimientos. Así que cuantas veces te
he hablado de mi Querer Santísimo, ha sido la fiesta de todo el Cielo, porque se sentía duplicar
la felicidad, y sólo el Cielo podía contener todos los admirables efectos, las puras alegrías de un
solo conocimiento de mi Fiat. Sólo así podía hablarte de Él, con el Cielo abajado para recibir
sus actos reverentes y los homenajes debidos a mi Divina Voluntad. Es tanto el amor y el deseo
que siento de hacerla conocer, que si fuera necesario me encarnaría de nuevo para obtener que
mi Voluntad fuera conocida y reinase sobre la tierra, pero esto no es necesario, porque
habiéndome encarnado una vez, mi encarnación está siempre en acto y tiene virtud de
reproducir los mismos efectos como si de nuevo me encarnase. Y ha sido sólo por el decoro de
mi Fiat que te he escogido, te he purificado de todo germen de corrupción, me he encerrado en
tu alma, no sólo en modo espiritual sino también natural, de modo de servirme de ti como velo
para cubrirme, casi como me serví de mi Humanidad como velo para esconder mi Divinidad, y
para tenerte a mi disposición te he segregado de todo, te he confinado dentro de una cama y
por tan largos años, para darte las sublimes lecciones sobre mi eterno Fiat y hacerte beber sorbo
a sorbo sus conocimientos y su Vida. La historia larga de Él requería tiempo para narrártela y
hacértela comprender. Yo puedo decir que he hecho más que en la Creación y Redención,
porque mi Querer encierra la una y la otra y es principio y medio de ellas, y será fin y corona de
la Creación y Redención, en modo que sin mi Voluntad, no conocida ni reinante y dominante
sobre la tierra, nuestras obras serán obras sin corona e incompletas, he aquí el por qué tanto
interés de hacerla conocer. Nuestras mismas obras hechas con tanto amor y magnificencia,
están bajo la opresión de un gemido inenarrable, y casi bajo una humillación profunda, porque
la Vida, la sustancia esencial que esconden, no es conocida aún, se conocen los velos, la
exterioridad de la Creación y Redención, pero la Vida que esconden es ignorada; ¿cómo pueden
dar la Vida que esconden y los bienes que poseen? Por eso nuestras obras suspiran, reclaman
sus justos derechos, que sea conocida mi Divina Voluntad. ¡Ah! sí, sólo Ella será la gloria, la
corona imperecedera y el cumplimiento de nuestras obras. Ahora, tú debes saber que Yo me
encuentro en ti escondido, con el dolor en el corazón, como me encontraba en los últimos años,
cuando mi Humanidad vivía acá abajo sobre la tierra, y Yo, Verbo del Padre estaba escondido
en Ella. Después de tantos sacrificios, después de mi tanto decir y ejemplos dados, miraba la
tierra, miraba los pueblos y aun a aquellos que me rodeaban sin los efectos de mi venida a la