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Mayo 25, 1929
Potencia de quien vive en el Fiat Divino. Virtud de los
actos hechos en Él. Todas las generaciones
dependen de los actos hechos por Adán.
(1) Continuando mi habitual abandono en el Fiat, me he encontrado fuera de mí misma, y con
sorpresa he visto al enemigo infernal junto a mí, como si se quisiera lanzar sobre de mí; yo he
sentido tal fuerza, de ponerme sobre de él, y conforme me ponía sobre él así quedaba vencido
y hecho pedazos. Yo me impresionaba y pensaba entre mí: “Desde hace mucho tiempo que
no veía al enemigo, es más, si me veía huía de mí, y ahora ¿qué cosa quiere con este
acercarse?” Y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, el alma que posee mi Fiat Divino tiene tal potencia, que hace pedazos la potencia
diabólica, y Yo he permitido que tocaras con la mano que sólo con el ponerte sobre de él ha
quedado destrozado, a fin de que no le temas, y que él sintiese la potencia de quien posee mi
Querer, que dispersa como polvo al viento la fuerza diabólica. Por eso no pienses en él y
continúa la vida en mi Fiat, porque tú debes saber que cada oración, cada acto y movimiento de
quien vive en Él, encierra dentro una fuerza y un peso infinito e incancelable, y lo infinito se
extiende por todas partes, contiene la virtud productora de todos los bienes, abraza la eternidad,
encierra al mismo Dios, por eso un acto hecho en mi Querer es un acto que no termina jamás,
y tiene tal potencia que encierra Cielo y tierra. Nuestro Fiat con su potencia infinita encierra
nuestra Divinidad en el acto de la criatura, formando con sus velos de luz la más bella y deliciosa
morada real a nuestro Ser Divino”.
(3) Jesús ha desaparecido, y yo me sentía abismada en el abismo de luz del Fiat supremo.
Después de esto estaba siguiendo mis actos en el Fiat Divino, y llegando al Edén pensaba entre
mí: “En este Edén, nuestro primer padre Adán hizo sus primeros actos en el Fiat Divino, así que
toda la Creación tuvo el principio dentro de un acto de Voluntad Divina obrante en todas las
cosas creadas, como también el primer hombre; Ella extendía la plenitud de su santidad,
potencia, belleza y luz en cada cosa, haciéndose actora y espectadora, encerrando todo en un
acto solo de su Voluntad Divina. Cómo era bella la Creación en su principio, una era la Voluntad
que obraba, y los diversos actos no eran otra cosa que los efectos de Ella”. Pero mientras esto
pensaba, mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, todas las generaciones dependen de los primeros actos hechos por Adán en la
plenitud de mi Divina Voluntad, porque siendo hechos en Ella, eran actos llenos de vida y podían
dar principio y vida a todos los otros actos de todas las criaturas. Y a pesar de que las criaturas
no viven de mi Voluntad, sino de la de ellas, es siempre Ella que les da vida, y mientras les da
vida la tienen como sofocada y agonizante en sus actos. Por eso todos los actos de Adán
hechos en mi Querer están como acto primero de todos los actos de las criaturas; ¿quién puede
destruir un acto hecho en mi Divina Voluntad? ¿Quién puede quitarle la soberanía, la potencia,
la belleza, la vida? Ninguno. No hay cosa que no dependa del primer acto, todas las cosas
creadas dependen del primer acto hecho por Aquél que las ha creado. Y si tanto amo, suspiro
y quiero que mi Voluntad sea conocida y reine en medio a las criaturas, es propiamente esta la
razón, que sean restituidos sus justos y santos derechos, y que así como tuvo principio la
Creación toda, así regrese toda en nuestra Divina Voluntad”.
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1613 sig