lo violente para hacerlo venir a reinar sobre la tierra”. Ahora, mientras esto hacía, mi adorado
Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Divina Voluntad es luz, el amor es el calor. Luz y calor son inseparables entre
ellos y forman la misma vida; así hay necesidad de la fusión de mi Voluntad y de mi amor, una
voluntad que no ama no es operante, una amor que no tiene voluntad está sin vida. Empero mi
Voluntad tiene el primer acto, se puede decir que su luz hace surgir el calor, Ella hace el primer
acto y llama en su luz la vida del amor, y de ellos forma una sola cosa. ¿Quién puede dividir el
calor de la luz? Ninguno. Sin embargo, cuanto más grande es la luz, más fuerte es el calor, así
que una pequeña luz, apenas si se siente la fuerza del calor; una luz grande da mucho calor y
produce efectos admirables. ¿Cuántos y cuáles efectos produce el sol porque su luz es tanta
que abraza toda la tierra? Se puede decir que es el rey de la tierra, con su luz y con su calor
acaricia a todos, abraza todo y hace bien a todos, y sin que pida nada a nadie, porque: Primero,
no tiene necesidad de nada; segundo, porque todos se sentirían impotentes de corresponder al
sol por el gran bien que hace a toda la tierra. He aquí el por qué tú sientes en ti dos potencias
infinitas, fundidas en una: Mi Divina Voluntad y mi amor, y la luz de mi Querer te hace correr
para hacerte poner su te amo, que hace salir del seno de su luz, sobre todas las cosas creadas,
para ver toda la Creación adornada con su y tu te amo.
(3) Además de esto, la vida tiene necesidad de alimento; mi Voluntad Divina es Vida, mi amor
es alimento, cada te amo tuyo es un sorbo de alimento que das a mi Fiat en ti, y cada acto tuyo
hecho en mi Querer hace crecer la Vida de Él en ti. ¡Oh, cómo goza por ello, y crece
admirablemente la Vida de mi Querer en la criatura cuando encuentra mucho amor divino, se
puede decir que mi Fiat encuentra su alimento, y mi amor encuentra su vida”.
(4) Después de esto continuaba pensando en el Fiat adorable, y mi dulce Jesús ha vuelto a
tomar la palabra diciéndome:
(5) “Hija mía, quien vive en mi Querer Divino se encuentra bajo el desahogo continuo de su
Creador; es tanto nuestro amor hacia ella, nos rapta tanto al ver nuestro Fiat en la pequeñez de
la criatura, que queremos darle siempre, siempre, sin cesar jamás. Ahora este nuestro
desahogo divino la llena tanto, que no le deja ningún vacío en sí misma, de modo que
dondequiera que se apoya encuentra siempre la plenitud de nuestro desahogo que la sostiene,
de manera que no puede replegarse sobre sí misma, porque nuestro desahogo la sostiene y la
lleva como en triunfo en sus brazos. ¿Pero sabes tú qué cosa desahogamos? Amor, luz, gracia,
santidad, potencia, etc.; ahora, todas estas cualidades nuestras hacen competencia para ver
quien lleva en brazos a esta pequeña criatura, parece que se la pelean entre ellas y hacen turno
para decir, todos la hemos llevado, y mientras cada una la lleva en sus brazos, si la lleva el
amor, la llena tanto de amor, que toma gusto en ver ahogada a la pequeña pequeñita, ahogada
en su amor, y sólo se contenta al hacerla pasar a los brazos de la luz cuando la ve desbordar
amor, porque quiere ver repetir a la pequeña pequeñita lo que ha hecho su Creador. La luz
toma gusto en ahogarla de luz, la gracia en ahogarla de gracia, la potencia en ahogarla de
potencia, pero tanta, de raptar al mismo Creador. En suma, esta pequeñita criatura vive bajo el
desahogo continuo de Dios, que la llena tanto, de sentirse ahogada sin poderlo contener, de
modo que está obligada a desbordarlo fuera, así que lo que tú dices de mi Querer Divino no es
otra cosa que el desahogo de lo que contienes dentro”.
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