de que como lluvia descienda sobre las almas, y con su luz vivifique y sane al querer humano,
y transformándolo, arroja la raíz de mi Voluntad en los corazones, y ahí extiende su reino sobre
la tierra. Para venir mi reino sobre la tierra primero debía hacerlo conocer, debía hacer saber
que quiere venir a reinar, y Yo, como un hermano mayor de la familia humana, estoy haciendo
todas las diligencias necesarias en el Cielo junto a la Divinidad, para darle una adquisición tan
grande. Por eso era necesario que Yo subiera al Cielo con mi Humanidad glorificada, para poder
readquirir de nuevo el reino de mi Fiat para mis hermanos e hijos”.
+ + + +
26-9
Mayo 16, 1929
Los conocimientos sobre la Divina Voluntad son el ejército, los actos
hechos en Ella son las armas, su luz el palacio real, el Ministro la
Trinidad Santísima. Ímpetu divino por establecer su reino.
Necesidad divina, silencio de Jesús, dolor de sus secretos.
(1) Continuando mi acostumbrado abandono en el Fiat Divino, estaba pensativa por las
privaciones de mi dulce Jesús. ¡Oh! cómo gemía mi pobre alma bajo el peso infinito de un dolor
que hace decir a todas las cosas creadas: “¿Dónde está tu Jesús, Aquél que tanto te amaba?
¡Ah! tú sientes que sostiene todo, tocas su belleza que ha puesto sobre toda la Creación, ves su
inmensidad que no puedes alcanzar, pero todo esto que tú ves no son otra cosa que las huellas
de sus pasos, que a su paso imprimió sobre todas las cosas creadas por Él, pero no está aquí.
Tú, corre, búscalo, y todas nosotras te acompañaremos gimiendo junto contigo para hacerte
encontrar a Aquél que tú quieres”. Yo siento que todos me hablan de Jesús con notas dolientes,
que haciendo eco en mi pobre corazón desgarrado por un dolor que yo misma no sé decir, y era
tanta la impresión, como si quisiera salir de mi habitual estado. Pero mientras estaba en esto,
mi amable y buen Jesús me ha sorprendido, y poniéndome los brazos en el cuello me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿qué pasa? ¿Qué pasa? Cálmate, cálmate, cómo, ¿tal vez tú quieres salir del
ejército de mi Divina Voluntad? Mira qué ejército ordenado, formidable y numeroso, que
disponiéndose en orden de batalla en tu alma no te será fácil salir; pero, ¿sabes tú quién es este
ejército? Todos los conocimientos sobre mi Divina Voluntad, porque Ella habiéndose formado
su palacio real en ti, no podía estar, ni era decoroso estar sin su ejército. Este ejército lo hemos
sacado de nuestro seno divino para cortejar, defender, y están todos atentos para hacer conocer
a todos quién es nuestro Fiat, su Rey divino, cómo quiere descender con todo su ejército celestial
en medio a los pueblos para combatir al querer humano, pero no con las armas que matan,
porque en el Cielo no hay estas armas asesinas, sino con las armas de luz que combaten para
formar la Vida de mi Querer en las criaturas. Ahora, tú debes saber que las armas de este
ejército son los actos hechos en mi Divina Voluntad; ¡mira cómo es bello! El palacio real es la
luz de mi Fiat, el Rey que domina es mi Querer, el Ministro la Trinidad Santísima, el ejército sus
conocimientos, las armas tus actos hechos en Él. Porque conforme tú tenías el bien de conocer
un conocimiento suyo y obrabas en virtud de él, en mi Fiat formabas las armas en las manos de
cada conocimiento, para dar la vida de este conocimiento a las otras criaturas. Pero no es todo
aún, cada conocimiento posee un arma diversa la una de la otra, así que cada conocimiento que
te he dado sobre mi Divina Voluntad posee un arma especial y distinta: Quién posee el arma
de la luz para iluminar, calentar y fecundar el germen de mi Fiat; quién posee el arma de la
potencia vencedora que domina e impera; quién el arma de la belleza que rapta y conquista;
quién el arma de la sabiduría que ordena y dispone; quién el arma del amor que quema,
transforma y consume; quién el arma de la fuerza que arroja por tierra, hace morir y hace resurgir