entonces te ponía en aquel estado de pena, quería de ti el sufrir voluntario, no forzado, porque
era a tu voluntad a la que quería hacer morir, y encender sobre tu voluntad, casi como apagada
llamita, el gran fuego del Sol de mi Fiat. El sufrir voluntario es algo grande delante a nuestra
Majestad Suprema, y por eso sobre la muerte de tu querer, ahogado de penas, podía mi
Voluntad tener su dominio y disponerte a recibir el bien más grande de sus conocimientos. ¿No
fue mi sufrir todo voluntario –ninguno podía imponerse sobre Mí– lo que formó el gran bien de
la Redención? Así que todo lo que tú sufriste entonces, no fue otra cosa que un completar el
orden de la santidad en el modo humano, por eso casi nada te decía de la santidad del vivir en
mi Querer Divino, quería completar la una para comenzar la otra cuando vi que nada me negaste
de lo que Yo quería, aun a costa de tu vida; y mientras nada me negabas y tu voluntad perdía
el camino y se encontraba en continuo acto de morir, la mía hacía su camino y readquiría su
Vida en ti, y conforme readquiría su Vida, así se manifestaba narrándote su larga historia, su
dolor, y cómo suspira el venir a reinar en medio a las criaturas. Mi palabra es vida, y conforme,
más que un tierno padre te hablaba de mi Fiat, así iba formando su Vida en ti, porque jamás me
habrías entendido lo que respecta a mi Querer si no hubieras tenido su Vida en ti, porque de
aquello que forma la vida se tiene verdadero interés de comprender y defender, lo que no forma
vida entra en el orden secundario, no primario, y no se siente el verdadero amor que se puede
tener a la propia vida. Así que a la misma Vida de mi Fiat formada en ti Yo podía confiar todos
sus conocimientos, para poder formar otras tantas Vidas de Él en las criaturas, y después debía
hacer de ti lo que hice de Mí: Yo cuando vine a la tierra observé todas las leyes, me sometía a
todos los sacrificios de la ley antigua en modo perfecto, como ningún otro hasta entonces había
observado, y después de que todo lo completé en Mí, consumando en mi Humanidad todas las
leyes y santidades de modo antiguo, las abolí y di principio a la nueva ley de gracia y a la nueva
santidad que traje a la tierra. Así he hecho contigo: Concentré en ti las penas, los sacrificios,
las batallas de la santidad presente para completarla, y así poder comenzar de nuevo la nueva
santidad del vivir en mi Querer, esto es, el ‘Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in terra.’ Ahora,
¿dónde están las contradicciones que tú dices? Cuando el alma entra en mi Querer para hacer
en Él vida perenne, el enemigo no puede acercarse más, su vista queda cegada por la luz de mi
Fiat, ni puede ver lo que la feliz criatura obra en esta luz divina. La luz se defiende de todo,
domina a todos, es intangible, no se deja ofender, ni ofende, y si alguno la quiere tocar o
atraparla entre sus manos, con rapidez encantadora huye, y casi burlonamente la salpica de luz;
toca todo, abraza a todos para hacer bien a todos, pero no se deja tocar por ninguno. Así es mi
Divina Voluntad, encierra al alma en su luz y con su imperio eclipsa todos los males, y ella
viviendo de luz, todo se convierte en luz, en santidad y en paz perenne, así que los males se
extravían y pierden el camino, las turbaciones, las tentaciones, las pasiones, el pecado, quedan
todos con las piernas rotas y no saben más caminar. Por eso sé atenta y tu vivir en mi Fiat sea
continuo”.
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26-8
Mayo 12, 1929
Quien vive en el Fiat Divino es el narrador de las obras divinas.
La Ascensión. Causa por la que no dejó el reino de la
Divina Voluntad sobre la tierra.
(1) Continuando mi acostumbrado abandono en el Fiat Divino, estaba siguiendo los actos de
Él en la Creación, me parecía que uniéndome a sus actos, ahora hacía un acto de luz, ahora un
acto de inmensidad, ahora un acto de potencia, y así de todo lo demás. Pero mientras esto
hacía, mi siempre amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
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