la Creación, todos quieren ser espectadores para gozar una escena tan dulce, encantadora y
bella, del acto continuo de la criatura en el Fiat Divino, ella entra en el banco del Ente Supremo
y unificándose en el acto continuo de su Creador, ella no hace otra cosa que poner fuera, con
su acto continuo, las innumerables bellezas, los sonidos más dulces, las rarezas insuperables
de las cualidades de su Creador. Y lo que más rapta es el ver su pequeñez, que toda osada y
animosa, sin temer nada, como si quisiera dominar al mismo Creador para darle placer, para
raptarlo a sí, para pedirle el reino de su Querer sobre la tierra, toma y pone fuera del banco
divino todas nuestras alegrías y felicidad como si quisiera agotarlas, y viendo que no las agota
no se cansa, repite su acto continuado, de modo que todos esperan que termine, y no viéndola
terminar se ponen en torno a ella, tanto, que ella se vuelve el lugar central, y todos giran
alrededor para no perder una escena tan consoladora y jamás vista, esto es, el acto continuo de
la pequeñez humana en la unidad del Fiat Supremo. Mucho más que el obrar continuo es sólo
de Dios, y al verlo repetir por la criatura, despierta las más grandes sorpresas, que hacen
asombrar a Cielos y tierra. Pequeña hija mía, si tú supieras qué significa un acto continuo en mi
Voluntad, este acto es incomprensible a mente creada, ella es la bilocadora de nuestro acto
continuo, ella entra en nuestro acto y hace surgir y pone fuera, mostrando a todos nuestra rara
belleza, nuestro amor invencible, nuestra potencia que todo puede, nuestra inmensidad que todo
abraza, quisiera decir a todos: ‘Miren quién es nuestro Creador.’ Y Nosotros la hacemos hacer
y gozamos al ver que la pequeñez de la criatura quiere darnos nuestro paraíso, y nuestro Ser
Divino, como nuestro y como suyo. ¿Qué cosa no puede hacer y darnos quien vive en nuestro
Fiat? ¡Todo! Mucho más, porque estando en la tierra esta feliz criatura, en virtud del libre
albedrío tiene la virtud conquistadora, lo que no tienen ni siquiera los santos en el Cielo, y con
ésta puede conquistar y multiplicar el bien que quiere. Y nuestro Querer que la tiene dentro de
Sí, la vuelve conquistadora de nuestro Ser Divino”.
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26-7
Mayo 9, 1929
Cómo era necesario que concentrase en Luisa la santidad humana
para consumarla y dar principio a la Santidad del vivir en el Querer
Divino. Cómo el sufrir voluntario es algo grande delante a Dios.
(1) Había leído en el primer volumen de mis escritos, cómo Nuestro Señor me había dicho
que quería que yo aceptara entrar en batalla con el enemigo infernal, en las duras pruebas a
que me sometió. Entonces yo pensaba entre mí: “Me parece que hay contradicción, porque
Jesús me ha dicho tantas veces que quien vive en su Voluntad Divina no está sujeto ni a
tentaciones ni a turbaciones, ni el enemigo tiene poder de entrar en el Fiat Divino, porque Éste
lo quemaría más que el mismo fuego del infierno, y para no quedar más quemado huye del alma
que vive en Él”. Mientras esto y tantas otras cosas pensaba, mi dulce Jesús moviéndose en mi
interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, tú te equivocas, no hay contradicciones. Tú debes saber que debiéndote llamar
en modo todo especial a vivir en mi Divina Voluntad, para hacértela conocer, y por medio tuyo
hacer conocer a los demás la santidad del vivir en Ella, para hacerla reinar sobre la tierra, era
necesario que concentrara en ti toda la santidad humana para consumarla en ti, para dar
principio a la verdadera santidad del vivir en mi Querer Divino. La santidad en el orden humano
debía ser el escabel, el trono de la santidad en el orden de mi Divina Voluntad. He aquí el por
qué desde el principio en que te llamé al estado de víctima, y a todo lo que sufriste en aquella
época, Yo te lo decía antes para preguntarte si tú aceptabas, y después de que aceptabas