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Abril 28, 1929
El Fiat Divino vuelve inseparable a la criatura de Dios.
Desbordamiento divino por la criatura. Todo está al
seguro en quien vive en el Fiat, y todo está en peligro
en quien hace la voluntad humana.
(1) Estaba haciendo mi giro en el Fiat Divino para seguir sus actos en la Creación, y habiendo
llegado al Edén, mi pobre mente se ha detenido en el acto cuando creaba al hombre, e
infundiéndole el aliento le infundía la vida, y rogaba a Jesús que diera el aliento a mi pobre alma
para infundirme el primer aliento divino de la Creación, a fin de que con su aliento regenerador
pudiese recomenzar mi vida toda en el Fiat, de acuerdo a la finalidad para la que me habían
creado. Pero mientras esto hacía, mi dulce Jesús ha salido de dentro de mi interior, como en
acto de querer infundirme su aliento y me ha dicho:
(2) “Hija mía, es nuestra Voluntad que la criatura vuelva a subir a nuestro seno, entre nuestros
brazos creadores para darle nuevamente nuestro aliento continuado, y en este aliento darle la
corriente que genera todos los bienes, alegrías y felicidad, pero para poder dar este aliento, el
hombre debe vivir en nuestro Querer, porque sólo en Él lo puede recibir, y Nosotros darlo.
Nuestro Fiat tiene tal virtud, de volver inseparable a la criatura de Nosotros, y lo que Nosotros
somos y hacemos por naturaleza, ella lo puede hacer por gracia. Nosotros al crear al hombre
no lo poníamos separado de Nosotros, y para tenerlo junto le dábamos nuestra misma Voluntad
Divina, la cual le daría el primer acto para obrar junto con su Creador; fue esta la causa de que
nuestro amor, nuestra luz, nuestras alegrías, la potencia y belleza nuestras regurgitaron todas
juntas, y desbordando fuera de nuestro Ser Divino poníamos la mesa a aquél que habíamos
formado con tanto amor con nuestras manos creadoras y generado con nuestro mismo aliento.
Queríamos gozarnos nuestra obra, verlo feliz con nuestra misma felicidad, embellecido con
nuestra belleza, rico de nuestra riqueza, mucho más que era Voluntad nuestra el estarnos junto
con la criatura, obrar juntos y entretenernos junto con ella; los juegos no se pueden hacer de
lejos, sino de cerca. Entonces, por necesidad de creación y para mantener integra nuestra obra
y la finalidad con la cual la habíamos creado, el único medio era dotar al hombre de Voluntad
Divina, la cual lo habría conservado como salió de nuestras manos creadoras, y él habría gozado
todos nuestros bienes, y Nosotros debíamos gozar porque él era feliz. Por eso no hay otros
medios para hacer que el hombre regrese a su puesto de honor, y que entre de nuevo a obrar
junto con su Creador, y que se entretengan mutuamente, que entrar de nuevo en nuestro Fiat,
a fin de que nos lo lleve triunfante a nuestros brazos que lo están esperando para estrecharlo
fuerte a nuestro seno divino, y decirle: ‘Finalmente, después de seis mil años has vuelto, has
andado errante, has probado todos los males, porque no hay bien sin nuestro Fiat, has probado
suficientemente y tocado con la mano lo que significa salir de Él, por eso no salgas más y ven a
reposarte y a gozar lo que es tuyo, porque en nuestro Querer todo te fue dado’. Por lo tanto hija
mía, sé atenta, todo te daremos si vives siempre en nuestro Fiat, nuestro aliento tomará placer
en darse siempre a ti, para darte nuestras alegrías, nuestra luz, nuestra santidad, y comunicarte
la actitud de nuestras obras, a fin de que siempre podamos tener junto a la pequeña hija
regenerada por nuestra Divina Voluntad”.
(3) Dicho esto se ha retirado en mi interior, y yo continuaba siguiendo los innumerables actos
del Fiat Divino, y el bendito Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, es prerrogativa de mi Querer Divino poner al seguro todo lo que posee; así que
cuando entra en el alma, como poseedor de ella, todas las cosas las pone al seguro: Pone al
seguro la santidad, la gracia, la belleza, todas las virtudes, y para hacer que todo esté al seguro,
hace sustituir en el alma su santidad divina, su belleza, sus virtudes, todo en modo divino, y
1604 sig