tierra no está aislada, sino habitada por nuestra pequeña hija, ella girará siempre en Ella para
hacer compañía a todos los actos de nuestro Querer, y en todos sus apartamentos”. Por eso
me es amado y dulce vivir en mi celestial heredad, sentiría que me falta la vida sin Ella. Ahora,
mientras giraba en Ella, mi siempre amable Jesús giraba junto conmigo y todo amor me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Divina Voluntad es toda plenitud, no hay cosa que no posea: Inmensidad de
luz, santidad incomparable, interminabilidad sin confines, generadora incesante, ve todo, siente
y plasma todo; todo esto es naturaleza en mi Fiat Divino, por lo que sus actos poseen la plenitud
de todos los bienes, por eso, para poder encerrar un solo acto suyo en el fondo del alma, es
necesario que se escombre de toda sí misma, regrese al vacío de la nada como en el acto
cuando fue creada, a fin de que mi Querer Divino encuentre el espacio de la nada para poder
poner un acto suyo de plenitud, el cual poseyendo la virtud generadora incesante, un acto
llamará al otro, de modo que nada debe faltar, ni plenitud de luz, de santidad, de amor, de
belleza, ni multiplicidad de actos divinos. Por eso la santidad hecha en mi Querer Divino posee
toda la plenitud, pero tanto, que si Dios quisiera darle de más, no encontraría lugar dónde poner
otra luz, otra belleza, y Nosotros diremos: ‘Eres toda bella, no podemos agregarte otra belleza,
tan bella eres, eres obra de nuestro Querer y esto basta para ser una obra digna de Nosotros.’
Y el alma dirá: ‘Soy el triunfo de tu Fiat Divino, por eso soy toda rica y bella, poseo la plenitud
de un acto de tu Querer Divino, el cual toda me llena, y si quisieras darme de más no sé donde
lo pondría.’ Tal fue la plenitud de la santidad de Adán antes de caer en el laberinto de su voluntad
humana, porque poseía el primer acto de nuestro Fiat, generador de su creación, y por eso
poseía plenitud de luz, de belleza, de fuerza, de gracia, todas las cualidades de nuestro Fiat se
reflejaban en él y lo embellecían tanto, que Nosotros mismos nos sentíamos raptados al mirarlo,
al ver en él esculpida tan bella nuestra amada imagen que formaba en él nuestro Ser Divino.
Por eso, a pesar que cayó no perdió la vida ni la esperanza regeneradora de nuestro Fiat, porque
habiendo poseído en el principio de su vida la plenitud de su acto, no quiso perder a aquél que
lo había poseído. La Divinidad se sintió de tal manera ligada con Adán, que no se sintió con
fuerza para desterrarlo para siempre; para perder lo que una vez ha sido poseído por nuestro
Fiat se necesita mucho, nuestra fuerza se sentiría débil, nuestro amor, el fuego que posee se
restringiría para no hacerlo, sería el verdadero embarazo divino, perder a aquél que ha poseído
un solo acto de la plenitud de nuestra Voluntad. Tal plenitud de santidad la poseyó la alteza de
la Soberana Reina, y por eso ningún vacío hay en Ella, se llenó tanto, que posee mares de luz,
de gracias, de belleza, de potencia. Es tal y tanta su plenitud, que no tenemos dónde poner y
Ella no tiene dónde recibir, porque es la única celestial criatura que vivió bajo el imperio del acto
de nuestro Fiat Divino, y que puede decir: ‘Soy un acto de Voluntad Divina, y en esto está todo
el secreto de mi belleza, potencia, grandeza, y hasta de mi maternidad.’ ¿Qué cosa no puede
hacer un acto de nuestro Fiat? Puede hacer todo, su prerrogativa es la plenitud de todo; un acto
de Él es el sol y posee la plenitud de la luz, y si se pudiera preguntar al sol, ¿quisieras más luz?
Respondería: ‘Tengo tanta que puedo dar luz a todos, y mientras la doy no la pierdo, porque
poseo la fuente de la luz del acto del Fiat Divino”. El cielo es un acto de Él, por eso dondequiera
que se extiende, es tanta su plenitud que no encuentra dónde extender de más su cortina azul.
El viento es un acto de nuestro Fiat Divino, y por eso posee la plenitud del imperio, de la fuerza;
¿quién puede resistir a la fuerza del viento? Ninguno, hace juego de todo, y con su fuerza
imperante destroza ciudades, levanta árboles, y arroja por tierra, como si fueran paja, a todas
las cosas. Toda la Creación, cada cosa creada posee la plenitud del acto de nuestro Fiat, y por
eso ninguna es miserable, todas son ricas con la plenitud querida por nuestro Querer Divino, ni
ninguna cosa tiene necesidad de nada, son por naturaleza ricas por ellas mismas. El mar posee
la plenitud de las aguas; la tierra, la plenitud de las plantas y de tanta diversidad de ellas, porque
todas son partes del acto de nuestro Querer Divino. Ahora hija mía, el vivir en mi Divina Voluntad
es propiamente esto, poseer y gozar la plenitud de los bienes divinos, de modo que nada debe
faltar, ni santidad, ni luz, ni belleza; serán los verdaderos partos de mi Fiat adorable”.