desgarrador y por una privación tan grande, que me hace sentir el peso de un dolor infinito y de
una herida siempre abierta, menos en aquellos pocos momentos en que me habla de su Querer
Divino, en donde me parece que se cierra, pero para reabrirse con dolor más acerbo, y por eso
estoy obligada en mis escritos a poner mi nota doliente de mi pequeña alma, que más que cierva
herida mando mis gritos de dolor para herir a aquel Jesús que me hiere, quién sabe, y a lo mejor
herido Él, regrese y ponga tregua a mi nota doliente. Después, mientras me sentía inmersa en
el dolor de su privación y toda abandonada en su Querer, se ha movido en mi interior y me ha
dicho:
(2) “Animo hija mía, no te abandones a tu dolor, sino sube más en alto. Tú sabes que tienes
un trabajo que cumplir, y este trabajo es tan grande, que ni siquiera el dolor de mi privación debe
detenerte, más bien debe servirte como medio para subir más en la luz de mi Voluntad. Tu
encuentro con Ella debe ser continuo, porque es intercambio de vida que debéis hacer: Ella se
debe dar continuamente a ti, y tú a Ella. Y tú sabes que el movimiento, el latido, el respiro,
deben ser continuos, de otra manera la vida no puede existir, y tú harías faltar tu vida en mi Fiat,
y Él sentiría el dolor de que su pequeña hija, su amada recién nacida, le hace faltar en Él su
movimiento, su latido, su respiro, sentiría el arrancarse a su recién nacida, que por sentir su vida
como Vida suya, la tiene siempre en acto de nacer, sin ponerla fuera de su seno, ni siquiera para
hacerla dar un paso, y tú te sentirías faltar la Vida de su movimiento continuo, de su latido, de
su respiro; sentirías el vacío de una Voluntad Divina en tu alma. No, no, hija mía, no quiero
ningún vacío de mi Voluntad en ti. Ahora, tú debes saber que cada manifestación sobre mi Fiat
Divino que te hago, son como tantos escalones por los cuales desciende mi Querer en el alma
para tomar posesión de ella para formar su reino, y el alma sube al Cielo para transportarlo del
Cielo a la tierra. Por eso es un trabajo grande y no conviene perder tiempo por cualquier razón,
aunque fuese santa. Y tú misma ves cómo Yo mismo me eclipso en mi Querer Divino para darle
todo el lugar a Él, y si a veces hago mis escapadas para venir, es sólo para tratar, reordenar y
hacerte conocer lo que pertenece a mi Divina Voluntad, por eso sé atenta y tu vuelo en Ella sea
continuo”.
(3) Después de esto seguía sintiéndome oprimida por las privaciones de Jesús, y pensaba
entre mí: “Cómo ha disminuido su amor hacia mí, comparado con aquél que me tenía antes,
me parece que apenas las sombras me han quedado del amor de Jesús”. Pero mientras esto
pensaba se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(4) “Hija mía, cada acto hecho en mi Divina Voluntad duplica mi amor hacia ti, así que después
de tantos actos que has hecho en Ella, puedo decir que mi amor ha crecido tanto, que debo
ensanchar tu capacidad, para poderte hacer recibir mi creciente amor que surge en Mí a cada
acto que haces en mi Divina Voluntad. Por eso mi amor es más intenso y centuplicado que el
de antes, así que puedes estar segura que mi amor no te faltará jamás, jamás”.
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26-4
Abril 21, 1929
La Divina Voluntad es plenitud. Adán antes de pecar poseía
la plenitud de la santidad. La Virgen y todas las cosas
creadas poseen esta plenitud.
(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, siento que no puedo hacer menos que estarme
en la amada heredad que mi dulce Jesús, con tanto amor me dio diciéndome: “Hija, te la confío
a ti a fin de que jamás salgas de ella, y hagas resonar tu eco continuo de un punto al otro, de
modo que todo el Cielo pueda ver que nuestra interminable heredad de nuestro Fiat sobre la