Ser Divino. Por eso, cuando nuestro Fiat Divino quiso sacar en campo a toda la Creación con
su potencia creadora, obradora y vivificadora, en cuanto nuestro Fiat se pronunciaba, así salían
de Nosotros actos de adoración profunda, así que el cielo no es otra cosa que un acto de
adoración profunda de la inmensidad de nuestro Ser Divino, y por eso por todas partes se ve
cielo, de noche y de día, la inmensidad de nuestro Ser hacía salir de nuestro seno la inmensidad
de nuestra adoración y extendía sobre el universo el azul cielo para llamar a todos aquellos que
habrían habitado la tierra en nuestra única Voluntad, para unificarlos en la inmensidad de nuestra
adoración, de modo que en virtud de nuestro Fiat, el hombre se debía extender en la inmensidad
de su Creador para formar su cielo de adoración profunda a Aquél que lo había creado. El sol
es un acto de adoración de nuestra luz interminable, el cual es tal y tanto el ímpetu de su
adoración profunda, que no se contenta con hacerse ver en lo alto, bajo la bóveda del cielo, sino
que del centro de su esfera hace descender sus rayos de luz hasta lo bajo de la tierra, plasmando
y tocando todo con sus manos de luz, inviste todo y a todos con su adoración de luz, y llama a
plantas, flores, árboles, pájaros y criaturas a formar una sola adoración en la Voluntad de quien
las ha creado. El mar, el aire, el viento, y todas las cosas creadas, no son otra cosa que actos
de adoración profunda de nuestro Ser Divino, que, quién de lejos y quién de cerca llaman a la
criatura en la unidad de nuestro Fiat a repetir los actos profundos de nuestra adoración, y
haciendo suyo lo que es nuestro, puede darnos el sol, el viento, el mar, la tierra florida, como
adoraciones profundas que sabe y puede producir nuestra Voluntad única en la criatura. ¿Qué
cosa no puede hacer nuestro Fiat? Con su fuerza única puede todo, une todo, tiene en acto
todo, y une Cielo y tierra, Creador y criatura, y de ellos forma uno solo”.
(3) Dicho esto se ha retirado en la profundidad de su luz y ha hecho silencio. Entonces yo he
seguido mi giro en la Creación, para seguir aquella adoración profunda de mi Creador en todas
las cosas creadas. ¡Oh! cómo se sentía en cada cosa el perfume de la adoración divina, se
tocaba con la mano su aliento adorado, se sentía en el viento la adoración penetrante, imperante
de nuestro Creador, que invistiendo toda la tierra, ahora como soplo ligero, ahora con oleadas
impetuosas, ahora con alientos acariciadores, nos inviste y nos llama a la adoración que el viento
posee de su Creador; ¿quién puede decir la fuerza del viento? Él en pocos minutos recorre todo
el mundo, y ahora con imperio, ahora con gemidos, ahora con voces débiles y ahora fuertes,
nos inviste y nos llama a unirnos a aquella adoración divina que da a su Creador. Y siguiendo
mi giro veía el mar, en aquellas aguas cristalinas, en aquel murmullo continuo, en sus olas
altísimas, Jesús decía que aquel mar no era otra cosa que un acto de profunda adoración de la
pureza divina, adoración de su amor que murmura continuamente, y en las olas la adoración de
la fuerza divina que mueve como ligera paja a todo y a todos. ¡Oh! si el Fiat Divino reinase en
las criaturas, a todos haría leer en cada cosa creada la adoración distinta que cada cosa posee
de nuestro Creador, y unificándonos con toda la Creación, una debía ser la adoración, uno el
amor, una la gloria al Ente Supremo. ¡Oh Voluntad Divina, ven a reinar y haz que una sea la
Voluntad de todos...
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26-3
Abril 16, 1929
Para quien vive en el Fiat, es intercambio de
vida entre el Fiat y el alma. Amor duplicado.
(1) Las privaciones de mi dulce Jesús se hacen más largas, y yo no hago otra cosa que
suspirar y gemir por su regreso. Pero a pesar de que vivo toda abandonada en el Fiat Divino,
sus privaciones son heridas tan profundas y amargas, que más que una cierva herida lanzo mis
gritos de dolor, para ensordecer Cielos y tierra y mover a todos al llanto por un dolor tan
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