cambiarlas en frutos, las flores se caen y el árbol queda desnudo. Así sucede en las cosas de
religión: Primero debéis formaros un conveniente cuerpo de católicos para poder hacer frente a
los otros partidos, y después podéis llegar a introduciros en los otros partidos para formar uno
solo”.
(4) Dicho esto, no lo he oído más, y sin ni siquiera verlo me he encontrado en mí misma.
¿Quién puede decir mi pena por no haber visto al bendito Jesús durante todo el día, y las
lágrimas que tuve que derramar?
+ + + +
3-52
Marzo 15, 1900
Jesús se siente desarmado por las almas victimas.
(1) Jesús continúa sin venir, yo me consumía en dolor y sentía una fiebre que me hacía delirar.
Ahora, como el confesor ha venido a celebrar el divino sacrificio, he comulgado, pero no veía,
según lo acostumbrado, a mi amado Jesús, por eso he comenzado a decir mis disparates: “Dime
mi Bien, ¿por qué no te haces ver? Esta vez me parece que no te he dado ocasión para que te
ocultes. ¿Cómo, a la buena, a la buena me dejas? Ay, ni siquiera los amigos de esta tierra actúan
de esta manera; cuando deben alejarse al menos dicen adiós, ¿y Tú ni siquiera me dices adiós?
Cómo, ¿así se hace? Perdóname si así hablo, es la fiebre que me hace delirar y me hace llegar
a la locura”. ¿Quién puede decir todos mis desatinos que le he dicho? Sería querer perder el
tiempo. Ahora, mientras estaba delirando y llorando, Jesús hacía ver ahora una mano, ahora un
brazo, entonces vi al confesor que me daba la obediencia de sufrir la crucifixión, y Jesús como
obligado por la obediencia se ha hecho ver y yo enseguida le dije: “¿Por qué no te hacías ver?”
Y Él, mostrando un aspecto serio ha dicho:
(2) “No es nada, no es nada, es que quiero castigar a la tierra, y Yo, estando bien aun con
una sola criatura, me siento desarmado y no tengo fuerza para echar mano de los castigos, y al
hacerme ver tú empiezas a decirme, si ves que debo mandar castigos: “Derrama en mí, hazme
sufrir a mí”. Y Yo me siento vencer por ti y jamás echo mano de los castigos, y los hombres no
hacen otra cosa que ensoberbecerse de más”.
(3) Ahora, repitiendo el confesor la obediencia de hacerme sufrir la crucifixión, Jesús se
mostraba lento en hacerme hacer esta obediencia, no como las otras veces que enseguida
quería que me sometiera, y me ha dicho:
(4) “Y tú ¿qué quieres hacer?”
(5) Y yo: “Señor, lo que Tú quieras”.
(6) Entonces, dirigiéndose al confesor con aspecto serio le ha dicho:
(7) “¿También tú quieres atarme con darle esta obediencia de hacerla sufrir?”
(8) Y mientras esto decía ha comenzado a participarme los dolores de la cruz, y después,
mostrándose más calmado ha vertido sus amarguras, luego ha agregado:
(9) “El confesor, ¿dónde está?”
(10) Y yo: “Señor, no sé a donde ha ido, es cierto que no lo veo más con nosotros”.
(11) Y Él: “Lo quiero, porque como él me ha confortado a Mí, así Yo lo quiero confortar a él”.
+ + + +