única Voluntad Divina. Por eso, siendo una sola la voluntad de todos, hacemos una sola cosa
y todos corremos como a nuestro primer centro, a nuestro Creador, para decirle: ‘Tu amor nos
ha puesto fuera, y tu mismo amor nos llama nuevamente adentro de Ti, con una carrera
vertiginosa para decirte: ‘Te amamos, te amamos’, para alabar tu amor inextinguible e
interminable.’ De modo que saliendo fuera nuevamente de su centro, para continuar nuestra
carrera que jamás se detiene, no hacemos otra cosa que entrar y salir de su seno divino para
formar nuestro giro de amor, nuestra carrera amorosa a nuestro Creador. Entonces, mientras
corría con toda la Creación para formar mi carrera de amor a la Majestad Divina, mi siempre
amable Jesús saliendo de mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien vive en mi Querer Divino está vinculada con toda la Creación, ni ella puede
estar sin esta afortunada criatura, ni la criatura se puede desvincular de las cosas creadas,
porque siendo la voluntad de una la de la otra, la cual es mi Divina Voluntad, forman un solo
cuerpo, como tantos miembros inseparables entre ellos. Así que a quien vive en mi Divina
Voluntad, la miro y la veo cielo, vuelvo a mirarla y la veo sol, mis miradas raptadas por tanta
belleza se fijan más y la encuentran mar, en suma veo en ella todas las variedades de cada
cosa creada y digo: ‘¡Oh potencia de mi Fiat Divino! Cómo me vuelves bella a aquélla que vive
en Ti, Tú le das el primado sobre toda la Creación, Tú le das la carrera tan veloz, más que viento
que huye, y sobresaliendo sobre todo es la primera en entrar en mi centro divino para decirme
te amo, te glorifico, te adoro, y haciendo su eco en toda la Creación, todos repiten junto a ella
sus agradables estribillos’. Hija mía, por eso tengo tanto amor al manifestarte todo lo que
corresponde a mi Divina Voluntad; todo lo que te he manifestado sobre Ella, no es otra cosa que
el orden de su reino. Todo esto debía haber sido manifestado desde el principio de la Creación
si Adán no hubiese pecado, porque en cada manifestación mía sobre mi Fiat Divino el hombre
debía crecer en la santidad y belleza de su Creador, y por eso me reservaba de hacerlo poco a
poco, dándole como tantos sorbos de Vida Divina, para hacerlo crecer según mi Divina Voluntad
lo quisiese ; así que el hombre al pecar interrumpió mi hablar y me redujo al silencio. Después
de tantos siglos, queriendo que el hombre regresara en mi Fiat, he vuelto a hablar con tanto
amor, más que una tierna madre cuando ama y suspira por dar a luz a su niño, para besarlo,
presumirlo, gozárselo y estrecharlo fuertemente a su seno materno, y colmarlo con todos sus
bienes y felicidad. Así he hecho Yo con volver a hablar y manifestarte todo el orden del reino
de mi Querer Divino, y el modo que la criatura debe tener en mi reino. Por eso el manifestarte
tantas verdades sobre mi Fiat, no ha sido otra cosa que sacar de nuevo en campo todo el orden
y el amor que habría tenido si el hombre no hubiera pecado y mi reino hubiese tenido su vida
sobre la tierra. En mi hablar he tenido tal orden, que una verdad está tan ligada con la otra, que
si se quisiera quitar y ocultar alguna verdad, formaría un vacío al reino de mi Fiat Divino y quitaría
una fuerza a las criaturas para inducirlas a vivir en mi reino, porque cada verdad que respecta a
mi Querer Divino es un puesto que Él toma para reinar en medio de las criaturas, y un camino
en el vacío en que ellas se encuentran para tomar posesión de Él. Por eso todas las verdades
que te he dicho tienen tanta conexión entre ellas, que quitando algunas se vería en ese punto
como un cielo sin estrellas, o un espacio sin sol, o bien una tierra sin flores, porque en todas
estas verdades que te he dicho está la renovación de toda la Creación, y en cada verdad, mi
Fiat más que sol quiere salir de nuevo en campo, como salió en la Creación y tomando su campo
de acción, con su luz quiere eclipsar todos los males de las criaturas, y extendiendo su velo de
luz sobre todos, les quiere dar tanta gracia, de darles su mano creadora para hacerlos entrar de
nuevo en el seno de su Querer Divino. Por eso todo lo que te he dicho sobre mi Divina Voluntad
tiene tal importancia, que me cuesta más que toda la Creación, porque es una renovación de
ella, y un acto cuando se renueva cuesta doble amor, y para estar más seguros ponemos doble
gracia y doble luz para darlas a las criaturas, a fin de que no nos toque un segundo dolor, quizá
más doloroso que el primero que tuvimos en el principio de la Creación cuando el hombre pecó
y formó en él el fallo de nuestro amor, de nuestra luz y de la preciosa herencia de nuestro
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