existe en el Cielo y en la tierra, y con no amarlo y estimarlo vienen a sofocar a estos nuestros
hijos y a impedir su generación. No hay mal más grande que éste, que no se usen todos los
cuidados para custodiar una verdad nuestra como al más grande de los tesoros, porque ella es
hija nuestra, es la portadora de nuestra Vida en la tierra, y ¿qué bien no puede hacer una verdad
nuestra? Ella contiene la Potencia de nuestro Fiat, y tan vasta que tiene el poder de salvar a un
mundo entero. Mucho más que cada verdad posee un bien distinto para darlo a las criaturas y
una gloria a Aquél que la ha generado; impedir el bien y la gloria que nos deberían dar nuestros
amados partos, es el más grande de los delitos. Por eso te he dado tanta gracia, te he
suministrado las palabras, he dirigido tu mano mientras escribías, para hacer que los hijos de
mis verdades no fueran sofocados y como sepultados en tu alma, y para hacer que nada
omitieras me he puesto junto a ti, te tenía en mis brazos como una tierna madre tiene a su
pequeña hija, y ahora te atraía con promesas, ahora te corregía, y ahora te reprendía
severamente cuando te veía reacia a escribir las verdades que te había manifestado, y tenía
interés porque eran Vidas e hijos míos, y que, si no hoy, mañana habrían salido a la luz. Tú no
puedes comprender mi dolor al ver el descuido de quien ha perdido los tres volúmenes de mi
Divina Voluntad; ¿cuántas verdades no había dentro de ellos? ¿Cuántas Vidas no han sofocado
y formado la tumba a mis hijos que con tanto amor he sacado de mi seno paterno? Por parte
de quien no ha tenido cuidado, tanto, de llegar a perderlos, siento que han roto el plano de mi
Divina Voluntad y su larga historia, dictados con tanto amor para hacerla conocer, que cada vez
que me disponía a decirte lo que a mi Fiat pertenecía, era tanto el ímpetu de mi Amor, que sentía
que renovaba el acto de toda la Creación, especialmente cuando en este arrebato de nuestro
amor venía creado el hombre”.
(3) Yo al oír esto me sentía traspasar el alma y como si me la arrancaran a pedazos y le he
dicho: “Amor mío, si Tú quieres puedes hacer un milagro de tu omnipotencia para hacer que los
encuentren, y así no tendrás el dolor de tantas verdades sofocadas y como interrumpida la larga
historia de tu Divina Voluntad. También yo siento que sufro mucho, y ni siquiera sé decir cómo
es este dolor”. Y Jesús ha agregado:
(4) “Es mi dolor que hace eco en el tuyo, es el desgarro de tantas Vidas mías que han sofocado
lo que sientes en ti. Estas verdades extraviadas están escritas en el fondo de tu alma, porque
primero las escribía en ti con mi mano creadora, y después te las hacía escribir en el papel, por
eso sientes a lo vivo el desgarro de ellas, es mi mismo desgarro que sientes en tu corazón. ¡Si
supieras cuánto sufro! En cada verdad que con tanto descuido han extraviado de estos
volúmenes, siento darme la muerte, y tantas muertes por cuantas verdades había dentro, y no
sólo eso, sino la muerte a todo el bien que dichas verdades debían llevar, la muerte a la gloria
que debían darme. Pero me la pagarán con tanto fuego de más en el purgatorio por cuantas
verdades han extraviado. Pero debes saber que si no usan todos los medios para encontrarlos,
porque quiero su cooperación, Yo no haré el milagro que algunos quisieran para que los
encontraran, y esto por castigo de su negligencia. Pero estos partos, estas verdades, estos
nuestros amados hijos y Vidas nuestras que hemos puesto fuera, no las retiramos, porque lo
que sale del seno de nuestra Divinidad, como relator y portador de un gran bien a las criaturas,
no viene retirado por Nosotros por la ingratitud y descuido de quien ha extraviado tantas
verdades nuestras, por eso cuando el reino de nuestra Voluntad sea conocido sobre la tierra y
Ella reinará, entonces haré de modo de manifestar de nuevo lo que ha sido extraviado, porque
si no lo hiciera faltaría el enlace, la conexión, y el plano entero del reino del Fiat Divino”.
(5) Yo al oír esto he dicho llorando: “Así que, Amor mío, si pasa todo esto y debo esperar,
cuán largo será mi exilio en la tierra, pero yo me siento tan torturada por tus privaciones, que no
puedo más estar lejana de la patria celestial”.
(6) Y Jesús: “Hija, no te aflijas, no es necesario que te diga el modo, el cómo y a quién debo
manifestar si no encuentran lo que se ha perdido, si a ti o a otros, lo que te conviene es hacer,
por parte tuya, lo que debes hacer por el reino de mi Divina Voluntad, cuando hayas hecho el
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