(2) “Hija mía, la creación del hombre fue el acto más bello, más solemne de toda la Creación.
En la plenitud del arrebato de nuestro Amor creante, nuestro Fiat creaba en Adán a todas las
otras criaturas, y en él quedaba en acto de crear siempre y de renovar sobre cada criatura lo
que hicimos sobre el primer hombre. Porque todos sus descendientes, de él debían tener su
origen, y por eso nuestro Querer Divino tomaba el empeño de que conforme las criaturas salían
a la luz, renovar nuestros desahogos de amor, poner fuera todas nuestras cualidades divinas y
hacer nuevos desahogos de bellezas, de gracias, de santidad, de amor sobre cada una de ellas.
Así que cada criatura debía ser una nueva fiesta para Nosotros, la bien salida, la bienvenida, y
la feliz agregada en la familia celestial. ¡Oh! cómo nuestro Fiat Divino gozó al ponerse en acto
de dar siempre a la criatura y de renovar la magnificencia, la sublimidad y la insuperable maestría
que debía tener sobre de cada criatura! Pero como Adán se salió de nuestro Querer Divino, sus
descendientes perdieron el camino para venir al primer acto de la creación del hombre, y aunque
nuestro Querer Divino no ha interrumpido su acto, porque Nosotros cuando decidimos hacer un
acto no hay quién nos aparte, así que está siempre en acto de renovar los prodigios de la
Creación, pero a pesar de esto no encuentra sobre quién renovarlos, y espera con una firmeza
y paciencia divina que la criatura regrese en su Querer para poder renovar su acto, siempre en
acto de poder repetir lo que hizo en la creación del hombre. Y aunque espera a todos, encuentra
sólo a su pequeña hija, la recién nacida en mi Querer Divino, que cada día entra en el primer
acto de la creación del hombre, cuando nuestro Ser Divino hizo desahogo de todas nuestras
cualidades divinas para hacer del hombre el pequeño rey y nuestro hijo inseparable,
embelleciéndolo con nuestras divisas divinas, para hacer que todos lo conocieran como el más
grande portento de nuestro Amor. ¡Hija mía, si supieras con cuánto amor espera que cada día
tú hagas tu pequeña visita en aquel edén donde nuestro Fiat, llevado por un ímpetu de amor se
puso en actitud de fiesta para crear al hombre! ¡Oh, cuántos actos reprimidos tiene en sí,
cuántos suspiros de amor sofocados, cuántas alegrías contenidas, cuántas bellezas encerradas
en sí, porque no hay quién entre en este su acto creante para tomar los bienes inauditos que
quiere dar! Y viéndote a ti que en su mismo Querer Divino tienes el camino para llegar al acto
de la creación del hombre, ¡oh! cómo se alegra y se siente atraído como por un potente imán
para hacerse conocer por las criaturas, a fin de que haciendo reinar mi Divina Voluntad en medio
de ellas, encuentren el camino para llegar al primer acto de la creación del hombre, para no
tener más reprimidos en sí los bienes que quiere dar a las criaturas. ¡Oh! si supieran las criaturas
cuántos nuevos actos creantes, uno más bello que el otro, está por crear y sacar de sí mi Fiat
Divino para verterlos sobre cada una de ellas, cómo se apresurarían por entrar en mi Querer
para recomenzar su vida en Él y recibir sus bienes infinitos”.
(3) Después seguía al Santo Querer Divino y pensaba entre mí: “¿Pero será verdad que yo
poseo este Fiat tan santo? Es verdad que siento que no sé querer ni desear otra cosa, y como
un mar que regurgita dentro y fuera de mí, que me envuelve toda en este Fiat Divino y todas las
otras cosas siento que no me pertenecen, ¿pero quién sabe si de veras lo poseo?” Mientras
esto pensaba, mi amado Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, la señal si un alma posee mi Querer es sentirse dominante de sí misma, de
modo que sus pasiones no osan moverse, ante la Luz de mi Fiat se sienten impotentes de obrar,
como si no tuvieran vida, porque la potencia y santidad de mi Querer todo derriba, y extiende
sobre las mismas miserias de la voluntad humana su luz, su santidad, y las más bellas florituras,
de modo que convierte admirablemente las mismas miserias en tierra fecunda y bendita, que no
sabe producir más espinas sino flores celestiales, frutos dulces y maduros. Y es tanto el dominio
de esta afortunada criatura, que se siente propietaria de Dios mismo, de las criaturas y de todas
las cosas creadas; tiene una virtud fascinante, que quien tiene el bien de conocerla, se siente
de tal manera unida, que no puede estarse lejano. Es la Potencia de mi Fiat, que encerrada
dentro de ella fascina a Dios y se siente feliz de estarse encerrado en ella; fascina a las criaturas,
porque sienten el perfume balsámico de mi Fiat Divino que lleva a sus corazones la paz
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