de santidad, de luz y de amor. Ahora, los efectos de mi Fiat son dados a quien hace mi Divina
Voluntad, quien adora sus disposiciones, quien con paciencia soporta lo que Ella quiere,
haciendo así la criatura reconoce que existe esta Voluntad Suprema, y Ella, viéndose
reconocida, no le niega sus admirables efectos; en cambio quien debe vivir en mi Divino Querer,
debe poseer en sí toda la Vida y no sólo los efectos, sino la Vida con todos los efectos de mi
Fiat Divino. Y como no hay santidad pasada, presente y futura en que mi Divina Voluntad no
haya sido la causa primaria, en todas las especies de santidad que hay, por eso Ella retiene en
Sí todos los bienes y efectos de santidad que ha sacado a la luz del día, así que en el alma que
viva en mi Querer, poseyendo su Vida con todos sus efectos, se verán juntas en ella todas las
santidades que ha habido y ella podrá decir: ‘Los otros han hecho una parte de la santidad, yo
en cambio he hecho todo, he encerrado todo en mí, lo que ningún santo ha hecho’. Por tanto
se verá en ella la santidad de los antiguos, la de los profetas, la de los mártires, se verá la
santidad de los penitentes, las santidades grandes y las pequeñas, y no sólo eso, sino que se
verá toda la Creación pintada en ella, porque mi Divina Voluntad nada pierde con sacar sus
obras, porque mientras las pone fuera las retiene en Sí como fuente primaria. Por eso quien
vive en Ella, no hay cosa que haya hecho o que hará mi Divino Querer que ella no tendrá en
posesión. Qué encanto y estupor no sería si una criatura pudiese encerrar dentro de sí toda la
esfera del sol con toda su luz, ¿quien no diría que ella contiene todos los efectos, los colores, la
dulzura, la luz que el sol ha dado y dará a toda la tierra y a todas las plantas, grandes y
pequeñas? Si esto pudiera ser, se asombrarían Cielo y tierra, y todos reconocerían que cada
uno de sus efectos que poseen están encerrados en aquella criatura que posee la esfera del
sol, porque está la vida con todos los efectos; pero humanamente hablando esto no podría
suceder, porque la criatura no podría contener ni la fuerza de toda la luz del sol ni de su calor,
quedaría quemada, ni el sol tendría virtud de no quemarla; en cambio mi Voluntad tiene virtud
de encerrarse, de empequeñecerse, de engrandecerse, como se quiera hacer se hace, y
mientras transforma en Sí a la criatura, la conserva en vida, y dándole todas sus tintas de belleza
la vuelve dominadora y poseedora de sus dominios divinos. Por eso sé atenta hija mía, reconoce
el gran bien de la Vida de mi Fiat en ti, que mientras te posee, te quiere volver poseedora de
todo lo que a Él pertenece”.
Después de esto ha agregado:
(3) “Hija mía, quien vive en mi Querer Divino no se aparta jamás de los modos de su Creador
y de ser nuestra repetidora, porque mientras es una nuestra esencia, una la Voluntad, una la
Vida, uno el amor, una la potencia, pero somos distintos en las Tres Personas, así el alma que
vive en Ella, uno es su latido, y en cada latido forma tres actos, uno abraza a Dios, el segundo
abraza a todas las criaturas, el tercero a sí misma; y así si habla, si obra, en cada cosa que hace
forma estos tres actos, que haciendo eco a la Potencia, Sabiduría y Amor de Aquél que la ha
creado, abraza todo y a todos”.
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25-28
Marzo 3, 1929
La Divina Voluntad está siempre en acto de renovar lo que hizo
en la creación del hombre. Ella contiene la virtud cautivadora.
(1) Estaba continuando mi giro en el Fiat Divino, y deteniéndome en el Edén, adoraba a la
Voluntad Suprema en el acto de crear al hombre, para unirme a aquella unión de voluntad que
existía entre Creador y criatura cuando fue creada. Y mi sumo Bien Jesús, moviéndose en mi
interior me ha dicho: