conocer claramente si se encuentran en medio de amigos o de enemigos, ni huir de los peligros
que los rodean.
(5) ¡Ah, si el sol tuviera razón, y los hombres pudieran hacerle esta afrenta a su luz, y que
algunos llegando a tal ingratitud, que para despreciar y no ver su resplandor, se arrancaran los
ojos, y así quedan más seguros de vivir en las tinieblas, ay, el sol en vez de mandar luz mandaría
lamentos y lágrimas de dolor, hasta trastornar toda la naturaleza! No obstante, lo que los
hombres tendrían horror de hacer a la luz natural, llegan a tal exceso de afrontar de ese modo
a mi gracia. Pero mi gracia siempre benigna con ellos, en medio de las mismas tinieblas y de la
locura de su ceguera, manda siempre resplandores de luz, porque mi gracia jamás deja a
ninguno, sino que el hombre voluntariamente se sale de ella, y la gracia no teniéndolo en sí,
trata de seguirlo con el fulgor de su luz”.
(6) Mientras esto decía, el dulce Jesús estaba extremadamente afligido, y yo hacía cuanto
más podía, para consolarlo, pidiéndole que derramara en mí sus amarguras, y Él ha agregado:
(7) “Compadéceme si te soy causa de aflicción, porque de vez en cuando siento toda la
necesidad de desahogar en palabras, con mis almas dilectas, mi dolor sobre la ingratitud de los
hombres, para mover sus corazones a repararme en tantos excesos, y a compasión de los
mismos hombres”.
(8) Y yo: “Señor, lo que quisiera es que no me evitaras participar en tus penas”. Y queriendo
yo decir más, ha desaparecido y he regresado en mí misma.
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3-49
Marzo 10, 1900
Efectos del sufrimiento.
(1) Esta mañana habiendo recibido la santa comunión, veía a mi amado Jesús como Niño,
con una lanza en la mano, en actitud de quererme traspasar el corazón, y como le había dicho
una cosa al confesor, Jesús, queriéndome reprender me ha dicho: “Tú quieres alejar el sufrir, y
Yo quiero que comiences una nueva vida de sufrimientos y de obediencia”.
(2) Y mientras esto decía me ha traspasado el corazón con la lanza y después ha agregado:
(3) “Así como el fuego arde según la leña que se le pone, y así tiene mayor actividad en
quemar y consumir los objetos que se arrojan en él, y por cuanto mayor es el fuego, otro tanto
es mayor el calor y la luz que contiene, así el sufrimiento y la obediencia, por cuanto es mayor,
tanto más el alma se hace hábil para destruir lo que es material, y la obediencia, como a blanda
cera le da la forma que quiere”.
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3-50
Marzo 11, 1900
Encuentro con un alma del purgatorio.
(1) Continúa casi siempre lo mismo. Esta mañana veía al buen Jesús más afligido que de
costumbre, amenazando con una mortandad de gente, y veía en ciertos lugares que muchos
morían. Después he pasado por el purgatorio y reconociendo a una amiga difunta le preguntaba
varias cosas sobre mi estado, especialmente si es Voluntad de Dios este estado, si es verdad
que es Jesús el que viene, o bien el demonio, porque le decía: “Como tú te encuentras delante
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