de la otra; la Creación es mi ejército divino, unida e inseparable mientras son distintas, y todas
corren sin detenerse jamás con el único fin de glorificar a su Creador. Es como un ejército:
quién la hace de general, quién de capitán, quién de oficial, y quién de pequeño soldado, todos
atentos a servir al rey, cada uno en su puesto, en perfecto orden y fieles al ejercicio de cada
oficio. Poseyendo cada cosa creada un acto de mi Voluntad Divina, esto le basta para
mantenerse en su puesto en orden perfecto, siempre bellas y siempre nuevas y en acto de
glorificar a Aquél que las creó. Donde está mi Voluntad Divina hay vida perenne, armonía y
orden, firmeza inquebrantable, sin que ningún evento pueda apartarla de su puesto y todos
felices en el oficio que cada uno posee. Así habría sido el hombre si la voluntad humana no me
lo hubiera arrancado de mi Voluntad, un bello ejército, todo ordenado y cada uno en su oficio,
feliz y en acto de glorificarme siempre, y mientras glorificaba a su Creador quedaba él glorificado.
Por eso quiero que mi Fiat Divino regrese a reinar en medio a las criaturas, porque quiero mi
ejército, todo ordenado, noble, santo, y con la marca de la gloria de su Creador”.
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25-23
Febrero 3, 1929
Reconocer la Creación y Redención, es reconocer el dominio
divino. Estrechas uniones que hay entre el Cielo y quien vive en
la Voluntad Divina, y cómo quien vive en Ella es todo una unidad.
(1) Mi pobre y pequeña alma nada en el mar amarguísimo de la privación de mi dulce Jesús,
y sintiéndome privada de Él, me siento más que nunca suspirar por la patria celestial. ¡Oh, cómo
es amarga la tierra sin Jesús, junto con Él es más soportable, pero sin Él, de hecho no se puede
vivir, y si no fuera porque junto al mar de su privación corre más extenso el mar del Fiat Divino,
que con su luz disminuye en parte la dureza e intensidad del dolor de la privación de Jesús,
quién sabe desde hace cuánto tiempo habría, por la fuerza del dolor, emprendido el vuelo a las
regiones celestiales, pero ¡Fiat!, ¡Fiat! Después estaba siguiendo mi giro en la Creación y
Redención, llamando en mi mente a todos los actos hechos por Dios para seguirlos, dando por
cada uno de los actos los homenajes, la adoración, el amor, el agradecimiento debidos. Y mi
dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, con llamar a los actos de la Creación y Redención para conocerlos, seguirlos y
honrarlos, la criatura no hace otra cosa que reconocer el dominio divino en todas las cosas, y mi
Divino Querer se siente dar los honores, los homenajes a Él debidos, y atraído forma su reino
en medio a las criaturas”.
(3) Después de esto sentía que no podía más sin Jesús, me faltaban las fuerzas, estaba de
tal manera abatida, que si mis penas internas se pudieran ver habría hecho llorar al Cielo y a la
tierra por compasión, pero creo que el Fiat Divino, así como con su Luz me eclipsa a mi dulce
Jesús, así eclipsa mis penas, de modo que ninguno sabe nada de mi duro martirio, es un secreto
que existe sólo entre mí, Jesús y el Santo Querer Divino, todos los demás ninguno sabe nada,
y mirándome bajo la Luz del Fiat, tal vez me crean la más feliz de las criaturas, ¡Oh! potencia
de la Divina Voluntad que sabes cambiar las cosas, y donde estás Tú haces ver todo bello y
bueno, más bien con tu luz adornas las penas y las haces ver como perlas raras y preciosas,
que encierran dentro mares de alegría y de felicidad, cuántas cosas sabes hacer; ¡oh! Voluntad
Divina, bajo tu imperio de luz no se puede hacer otra cosa que callar, amarte y seguirte. Pero
mientras mi pequeña mente se perdía en su luz y bajo la opresión tremenda de la privación de
Jesús, en cuanto lo he sentido moverse en mi interior me ha dicho: