(3) Ahora hija mía, el reino de la Redención y el reino de mi Fiat Divino se dan la mano, y
siendo también éste un bien universal, que queriendo, todos pueden entrar en él, es necesario
que su noticia la sepan muchos y quede concebido en las mentes, en las palabras, en las obras
y corazones de muchos, a fin de que se dispongan con las oraciones, con los deseos y con una
vida más santa, a recibir el reino de mi Divina Voluntad en medio de ellos; si la noticia no se
divulga, mis manifestaciones no hacen de heraldos, ni vuelan de boca en boca los conocimientos
sobre mi Fiat Divino que formarán la concepción de Él en las mentes, oraciones, suspiros y
deseos de las criaturas, mi Querer Divino no hará el ingreso triunfal de venir a reinar sobre la
tierra. Cómo es necesario que los conocimientos sobre mi Fiat se conozcan, y no sólo eso, sino
que se haga conocer que mi Divina Voluntad ya quiere venir a reinar como en el Cielo así en la
tierra en medio a las criaturas; y a los sacerdotes, como nuevos profetas les toca el trabajo, y
con la palabra, con lo escrito y con las obras, hacer de heraldos para hacer conocer lo que
concierne a mi Fiat Divino. No será menor su delito que el de los profetas si éstos hubiesen
escondido mi Redención. Con no ocuparse por cuanto puedan de lo que respecta a mi Divina
Voluntad, ellos serán la causa de que un bien tan grande no sea conocido ni recibido por las
criaturas, y sofocar el reino de mi Divina Voluntad, tener suspendido un bien tan grande que no
hay otro similar a él, ¿no es acaso un delito? Por eso te recomiendo, por parte tuya, no omitir
nada, y ruega por aquellos que se deben ocupar en hacer conocer tanto bien”.
(4) Después ha agregado con un acento más tierno y afligido: “Hija mía, ésta era la finalidad
por la cual permitía la necesidad de la venida del sacerdote, a fin de que tú pusieras en ellos
como sagrado depósito todas las verdades que te he dicho acerca de mi Fiat Divino, y ellos
fuesen atentos y ejecutores fieles de lo que Yo quiero, esto es, que hagan conocer el reino de
mi Divina Voluntad; puedes estar segura que no habría permitido su venida si no fuese por
cumplir mis grandes designios sobre la familia humana. Y así como en el reino de la Redención
dejé a mi Mamá Reina en medio de los apóstoles, a fin de que junto con Ella, ayudados y guiados
por Ella pudiesen dar el principio al reino de la Redención; y porque la Soberana Celestial sabía
de él más que todos los apóstoles, era la más interesada, se puede decir que lo tenía formado
en su materno corazón, así que podía muy bien instruir a los apóstoles en las dudas, en el modo,
en las circunstancias, era el verdadero sol en medio de ellos, bastaba una palabra suya para
hacer que mis apóstoles se sintieran fuertes, iluminados y reafirmados. Así para el reino de mi
Fiat Divino, habiendo puesto en ti el depósito de él, te tengo aún en el exilio a fin de que como
nueva madre, pudiesen los sacerdotes tomar de ti lo que puede servir de luz, de guía, de ayuda,
para dar principio a hacer conocer el reino de mi Divina Voluntad. Pero viendo el poco interés,
si supieras cuánto sufro, por eso reza, reza”.
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25-22
Enero 20, 1929
Cómo la Creación es un ejército divino.
Donde está el Divino Querer hay vida perenne.
(1) Mi abandono en el Fiat Divino continúa, y siguiendo sus actos que hizo en toda la Creación,
quería dar la gloria a mi Creador que cada cosa creada contenía, porque a pesar de que cada
cosa creada es gloriosa, noble, santa, de origen divino, porque es formada por el Fiat creador,
pero cada cosa posee una propiedad distinta la una de la otra, de modo que cada una da su
gloria a Aquél que la ha creado. Entonces, mientras mi pequeña y pobre inteligencia se perdía
en la Creación, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, cada cosa creada tiene su oficio especial, según como Dios las ha creado, y
todas me son fieles en el oficio que cada una posee, dándome gloria continua y distinta la una