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3-47
Marzo 7, 1900
El alma conformada al Divino Querer, llega a atar a Dios.
(1) Esta mañana, encontrándome fuera de mí misma, he tenido que girar y girar para encontrar
al bendito Jesús. Por fortuna he entrado a una iglesia y lo he encontrado sobre un altar donde
se celebraba el divino sacrificio. Súbitamente he corrido y me lo he abrazado diciéndole:
“¡Finalmente te he encontrado! Me has hecho girar tanto hasta cansarme, y Tú estabas aquí”. Y
Él mirándome serio, no con su acostumbrada benignidad me ha dicho:
(2) “Esta mañana me siento muy amargado y siento toda la necesidad de poner mano a los
castigos para desagraviarme”.
(3) Yo, enseguida: “Amado mío, no es nada, remediaremos esto ahora mismo, derramarás en
mí tus amarguras y así quedarás desagraviado, ¿no es verdad?”
(4) Y Él condescendiendo a mi petición ha derramado en mí sus amarguras. Después,
estrechándome a Él, como si se hubiera liberado de un grave peso, ha agregado:
(5) “El alma conformada a mi Querer se sabe infiltrar tanto en mi potencia, que llega a atarme
todo y a su gusto me desarma como quiere. ¡Ah, tú, tú, cuántas veces me atas!”
(6) Y mientras esto decía ha tomado su acostumbrado aspecto dulce y benigno.
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3-48
Marzo 9, 1900
La gracia es como el sol.
(1) Encontrándome un poco turbada por una cosa que no es necesario decir aquí, mi mente
quería andar vagando para cerciorarse sobre mi turbación y así quedar en paz, pero el bendito
Jesús queriendo contradecir mi querer, me impedía que yo pudiera ver lo que quería, y como yo
insistía en querer ver me ha dicho:
(2) “¿Por qué quieres ir vagando? ¿No sabes tú que quien sale de mi Voluntad sale de la luz
y se confina en las tinieblas?”
(3) Y queriéndome casi distraer de lo que yo quería, me ha transportado fuera de mí misma,
y cambiando tema ha agregado:
(4) “Mira un poco cómo me son ingratos los hombres. Así como la luz del sol llena toda la
tierra, desde un punto al otro, de modo que no hay tierra que no goce el beneficio de su luz, ni
hay persona que pueda lamentarse de estar privada de sus benéficos influjos, tan es verdad,
que el sol, invistiendo a todo el universo, para poder dar luz a todos, lo toma como en su mano,
sólo puede lamentarse de no gozar de su luz quien huyendo de su mano va a esconderse en
lugares tenebrosos; sin embargo el sol continuando su caritativo oficio no deja de enviarle algún
rayo de luz de entre sus dedos; así mi gracia es una imagen del sol, que por todas partes inunda
a las gentes, pobres y ricos, ignorantes y doctos, cristianos e infieles, ninguno, ninguno puede
decir que está privado de ella, porque la luz de la verdad y el influjo de mi gracia llena la tierra,
y más que el sol en su pleno mediodía. ¿Pero cuál no es mi pena al ver a las gentes, que
cruzando esta luz a ojos cerrados y afrontando mi gracia con el torrente pestífero de sus
iniquidades, se desvían de esta luz y voluntariamente viven en lugares tenebrosos, en medio de
crueles enemigos? Ellas están expuestas a mil peligros, porque no teniendo luz, no pueden
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