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Diciembre 16, 1928
Se habla de los nueve excesos de Jesús en la Encarnación.
Contentos de Jesús, su palabra es creación. Jesús ve
repetir sus escenas. Preludios de su reino.
(1) Estaba haciendo la meditación, y como hoy comenzaba la novena al Niño Jesús, estaba
pensando en los nueve excesos que Jesús con tanta ternura me había narrado de su
Encarnación, los cuales están escritos en el primer volumen, y sentía una gran repugnancia de
recordarlo al confesor, porque él me había dicho al leerlos, que quería leerlos en público en
nuestra capilla. Mientras esto pensaba, mi Niñito Jesús se hacía ver en mis brazos, pequeño,
pequeño, que acariciándome con sus pequeñas manitas me ha dicho:
(2) “¡Cómo es bella mi pequeña hija, cómo es bella! ¡Cómo debo agradecerte el que me hayas
escuchado!”
(3) Y yo: “Amor mío, ¿qué dices? Yo debo agradecerte a Ti el que me hayas hablado, y que
con tanto amor haciéndome de maestro me hayas dado tantas lecciones que yo no merecía”.
(4) Y Jesús: “Ah hija mía, a cuántos quiero hablar y no me escuchan, me reducen al silencio
y sofocan mis llamas, así que debemos agradecernos mutuamente, tú a Mí y Yo a ti. Y además,
¿por qué quieres oponerte a la lectura de los nueve excesos? Ah, tú no sabes cuánta vida,
cuánto amor y gracia contienen, tú debes saber que mi palabra es creación, y que al narrarte
los nueve excesos de mi Amor en la Encarnación, Yo no sólo renovaba mi amor que tuve al
encarnarme, sino que creaba nuevo amor para investir a las criaturas y vencerlas para darse a
Mí. Estos nueve excesos de mi amor que te he manifestado con tanto amor de ternura y
simplicidad, formaban el preludio a las tantas lecciones que debía darte acerca de mi Fiat Divino
para formar su reino, y ahora con leerlos, mi amor viene renovado y duplicado, ¿no quieres tú
entonces que mi amor duplicándose desborde fuera e invista otros corazones, a fin de que como
preludio se dispongan a las lecciones de mi Voluntad para hacerla conocer y reinar?”
(5) Y yo: “Mi amado Niño, creo que muchos han hablado acerca de tu Encarnación”.
(6) Y Jesús: “Sí, sí han hablado, pero han sido palabras tomadas de la ribera del mar de mi
amor, así que son palabras que no poseen ni ternura, ni plenitud de vida. En cambio aquellas
pocas palabras que te he dicho, te las he dicho desde dentro de la vida de la fuente de mi amor,
y contienen vida, fuerza irresistible y ternuras tales, que sólo los muertos no sentirán moverse a
piedad de Mí, pequeño, pequeño, que tantas penas sufrí desde el seno de la Mamá Celestial”.
(7) Después de esto el confesor leía en la capilla el primer exceso de amor de Jesús en la
Encarnación, y mi dulce Jesús desde dentro de mi interior ponía atención para escuchar, y
atrayéndome a Sí me ha dicho:
(8) “Hija mía, cómo me siento feliz al escucharlos, pero mi felicidad se acrecienta al tenerte
en esta casa de mi Voluntad, porque los dos somos oyentes, Yo de lo que te he dicho, y tú de
lo que de Mí has escuchado, mi amor se inflama, bulle y desborda, ¡escucha, escucha cómo es
bello! La palabra contiene el aliento, y conforme se habla, la palabra lleva el aliento, que como
aire gira de boca en boca y comunica la fuerza de mi palabra creadora y hace descender en los
corazones la nueva creación que mi palabra contiene. Escucha hija mía, en la Redención tuve
el cortejo de mis apóstoles, y Yo en medio a ellos era todo amor para instruirlos, no escatimaba
fatiga para formar los cimientos de mi Iglesia. Ahora, en esta casa siento el cortejo de los
primeros hijos de mi Querer, y siento repetir mis escenas amorosas al verte a ti en medio a ellos,
que con todo amor quieres impartir las lecciones sobre mi Fiat Divino para formar los cimientos
del reino de mi Divina Voluntad. Si tú supieras cómo me siento feliz al oírte hablar de mi Querer
Divino, espero con ansia que tomes la palabra para escucharte, para sentir la felicidad que me
trae mi Divina Voluntad”.