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Diciembre 21, 1928
Mar de amor en los excesos de Jesús. Ejemplo del mar.
El Querer Divino, rayo de sol que lleva la Vida del Cielo.
La Divina Voluntad obrante. Felicidad de Jesús.
(1) Continúa la novena de la Santa Navidad y continuando a oír los nueve excesos de la
Encarnación, mi amado Jesús me ha atraído a Sí, y me hacía ver que cada exceso de su amor
era un mar sin confines, y en este mar se levantaban olas altísimas en las cuales se veían correr
todas las almas devoradas por estas llamas, cómo los peces se deslizan en las aguas del mar,
y así como las aguas del mar forman la vida de los peces, la guía, la defensa, el alimento, el
lecho, el palacio de estos peces, tanto que si salen del mar pueden decir: Nuestra vida ha
terminado porque hemos salido de nuestra heredad, de la patria que nos dio nuestro Creador.
Así estas olas altísimas de llamas que salían de estos mares de fuego, con el devorar a estas
criaturas querían ser la vida, la guía, la defensa, el alimento, el lecho, el palacio, la patria de las
criaturas, y si salen de este mar de amor encuentran la muerte de un solo golpe, y el pequeño
niño Jesús llora, gime, ruega, grita y suspira porque no quiere que ninguno salga de estas sus
llamas devoradoras, porque no quiere ver morir a ninguno. ¡Oh, si el mar tuviera razón, más
que una tierna madre lloraría por sus peces que le arrancan del mar, porque se siente arrancar
una vida que posee y conserva con tanto amor, y con sus olas se arrojaría contra quien osara
arrancarle las tantas vidas que posee, que forman su riqueza, su gloria.
(2) “Y si no llora el mar, lloro Yo”, dice Jesús, “al ver que mientras mi amor ha devorado a
todas las criaturas, ellas, ingratas, no quieren hacer vida en mi mar de amor, sino que
separándose por la fuerza de mis llamas se exilian de mi Patria y pierden el palacio, la guía, la
defensa, el alimento, el lecho y aun la vida, ¿cómo no debo llorar? Han salido y han sido creadas
por Mí, y devoradas por mis llamas de amor que tuve al encarnarme por amor de todas las
criaturas. Conforme oigo narrar los nueve excesos, el mar de mi amor se hincha, bulle, y
formando olas altísimas forma tanto ruido que quisiera ensordecer a todos, a fin de que nada
más pudiesen oír que mis gemidos de amor, mis gritos de dolor, mis sollozos repetidos que
dicen: “No me hagas llorar más, démonos el beso de paz, amémonos y seremos todos felices,
el Creador y la criatura”.
(3) Jesús ha hecho silencio y en ese momento veía el Cielo abierto y un rayo de Sol descender
de lo alto, que fijándose sobre mí iluminaba a cuantos estaban a mi alrededor. Y mi siempre
amable Jesús ha vuelto a decir:
(4) “Hija de mi Querer, este rayo de Sol que se ha fijado sobre de ti es mi Divina Voluntad que
te lleva la Vida del Cielo a tu alma. Cómo es bello este rayo de Sol que no sólo te ilumina a ti y
te lleva su Vida, sino que cualquiera que se te acerca y se queda a tu alrededor siente la Vida
de la luz, porque ella como sol se ensancha alrededor y da a aquellos que te circundan el
ardiente beso de luz, su respiro, su vida, y Yo me siento feliz dentro de ti, al ver que mi Divina
Voluntad se difunde y comienza a recorrer su camino. Mira, los mares de amor que tú has visto
no son otra cosa que mi Voluntad obrante, cuando mi Voluntad quiere obrar, los mares de mi
amor se hinchan, bullen, forman sus olas altísimas que lloran, gimen, gritan, ruegan,
ensordecen; en cambio cuando mi Fiat no quiere obrar, el mar de mi Amor está calmado, sólo
murmura tranquilamente, es continuo su curso de alegría y de felicidad inseparable de Él. Por
eso tú no puedes comprender la alegría que experimento, la felicidad que siento y el interés que
tomo de iluminar, de poner mi misma palabra, mi mismo corazón en quien se ocupa en hacer
conocer mi Divina Voluntad, es tanto mi interés, que lo arrollo en Mí, y desbordando Yo fuera de
él, tomo Yo la palabra y hablo Yo mismo de mi Voluntad obrante en mi Amor. ¿Crees tú que
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