(7) Entonces pensaba entre mí: “Si Jesús goza tanto cuando yo gozo de las tantas felicidades
que ha esparcido en lo creado, ¿por qué entonces me aflige tanto y me vuelve infeliz, hasta
sentirme como si no tuviese vida sin Él? ¡Y sintiéndome sin vida todas las felicidades pierden
la vida en mi pobre alma!” Y Jesús ha agregado:
(8) “Hija mía, si tú supieras para qué sirven mis privaciones; tú te sientes sin vida privada de
Mí, te sientes muerta, sin embargo sobre de aquel dolor y de aquella muerte viene formada mi
nueva Vida, y esta nueva Vida te trae las nuevas manifestaciones de la Vida de mi Divina
Voluntad, porque siendo tu pena, pena divina, que tiene la virtud de hacerte sentir la muerte,
pero sin morir, tiene virtud de hacer surgir de nuevo mi misma Vida, con el encanto de mis
verdades. El dolor de mi privación prepara el lugar a mi nueva Vida y dispone a tu alma a
escuchar y comprender las importantes verdades sobre mi Fiat Divino. Si Yo no te privase
frecuentemente de Mí, no habrías tenido las nuevas sorpresas de tu Jesús, sus tantas
enseñanzas. ¿No has visto tú misma, que después que has estado privada de Mí y tú creías
que todo había terminado para ti, mi Vida resurgía de nuevo en ti, y todo amor y festivo me
ponía a darte mis lecciones? Así que cuando te privo de Mí, Yo me estoy escondido en ti y
preparo el trabajo para darte, y mi nueva Vida para resurgir. También Yo sufrí la pena de la
muerte, para hacer resurgir en la pena de mi muerte a todas las criaturas; la muerte sufrida en
orden divino y para cumplir la Divina Voluntad produce la Vida Divina, para hacer que esta
Vida Divina la pudiesen recibir todas las criaturas. Y además, después de que Yo sufrí tantas
muertes, quise morir verdaderamente, ¿cuántos bienes no produjo mi Resurrección? Se
puede decir que con mi Resurrección resurgieron todos los bienes de mi Redención, y con ella
resurgieron todos los bienes a las criaturas y su misma vida. Por eso sé atenta y déjame
hacer”.
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25-14
Diciembre 14, 1928
Árbol de la Divina Voluntad. Acto único de Dios. Quien
vive en Ella forma el eco en todas las cosas creadas.
(1) Estaba pensando en la publicación de los escritos de la Divina Voluntad, y me sentía
fastidiada por las tantas preguntas que hacen, y decía entre mí: “Sólo Jesús sabe mi martirio y
cómo me siento torturada cuando se hablaba de personas competentes que querían publicarlos,
tanto, que nadie podía llegar a calmar mi interno martirio y a hacerme decir Fiat, sólo Jesús con
su encantadora persuasión y con infundirme temor por el gran mal que yo pudiese hacer si
saliera mínimamente de la Divina Voluntad, podía inducirme a decir Fiat, y ahora al verla ir tan
lento recuerdo mis luchas internas, mi duro martirio por esta publicación, ¿en qué aprovechan
las tantas penas sufridas, quién sabe quién verá esta publicación? Tal vez Jesús me contentará
con hacérmela ver desde el Cielo”. Pero mientras esto y otras cosas pensaba, me he puesto a
rezar, y ante mi mente veía un árbol cargado de frutos que vertían luz, y a mi dulce Jesús
crucificado en medio de este árbol, y era tanta la luz de estos frutos que Jesús quedaba
eclipsado en ella. Entonces yo he quedado maravillada y Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, este árbol que tú ves es el árbol de mi Divina Voluntad, y como Ella es Sol, sus
frutos se cambian en luz que forman otros tantos soles; el centro de su vida soy Yo y por eso
estoy en medio de Él. Ahora, estos frutos que tú ves son todas mis verdades que he manifestado
sobre mi Fiat Divino, y están todas en acto de parir su luz en el seno de las generaciones, y
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