Concepción de la Divina Voluntad en la Soberana del Cielo”. Y esta Concepción fue la causa de
todo lo que es e hizo, y de los grandes prodigios de esta Celestial Niña”.
(8) Después de esto, con un énfasis más tierno ha agregado:
(9) “Hija mía, cómo era bello, deleitable, el ver a esta Celestial niña desde su Inmaculada
Concepción, se miraba y se veía su pequeña tierra tomada de la estirpe humana, y dentro de
esta pequeña tierra se veía el Sol de nuestro Eterno Querer, que no pudiéndolo contener
desbordaba fuera de Ella y se extendía tanto, que llenaba Cielo y tierra. Hicimos un prodigio de
nuestra Omnipotencia para hacer que la pequeña tierra de la pequeña Reinita pudiese encerrar
el Sol de nuestro Querer Divino. Así que se veía tierra y Sol, por eso todo lo que hacía, si
pensaba, si hablaba, si obraba, si caminaba, sus pensamientos eran rayos de luz, sus palabras
se convertían en luz, todo era luz que salía de Ella, porque siendo su pequeña tierra más
pequeña que el Sol inmenso que encerraba, sus actos se perdían en la luz. Y como esta
pequeña tierra de la Soberana Celestial era vivificada, animada y conservada continuamente
por el Sol de mi Fiat, se veía siempre florida, pero de las más bellas florituras, que daban en
frutos dulcísimos, de atraer nuestras miradas divinas y quedar raptados, pero tanto, que no
podíamos hacer menos que mirarla, tanta era la belleza y la felicidad que nos daba. Toda bella
era la Virgencita Inmaculada, su belleza era encantadora y raptora, basta decir que era un
prodigio de nuestro Querer para decirlo todo. ¡Oh! si las criaturas conocieran qué significa vivir
de Voluntad de Dios, pondrían la vida para conocerla y vivir en Ella”.
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25-13
Diciembre 13, 1928
Todas las cosas creadas poseen una dosis de felicidad.
Cómo la privación de Jesús hace resurgir la vida.
(1) Estaba fundiéndome en el Santo Querer Divino, acompañando sus actos hechos en la
Creación, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, todas las cosas creadas fueron creadas por Nosotros con una dosis de felicidad,
distinta la una de la otra, así que cada cosa creada lleva al hombre el beso, el aire felicitante, la
vida de nuestra felicidad; ¿pero sabes tú quién siente descender en su interior todos los efectos
de nuestras tantas felicidades esparcidas en lo creado, hasta quedar empapado por ellas como
una esponja? Quien vive en nuestro Querer Divino, nuestras felicidades no le son extrañas,
porque teniendo el gusto purificado por nuestro Fiat y no corrompido por el querer humano, su
gusto y todos sus sentidos tienen la virtud de gustar todas las felicidades que hay en las cosas
creadas, y Nosotros sentimos tal felicidad y alegría al ver a quien hace nuestro Querer como
sentarse a la mesa de nuestras felicidades, y alimentarse con tantos bocados distintos por
cuantas felicidades hay en las cosas creadas. ¡Oh, cómo es bello ver feliz a la criatura!”
(3) Mientras estaba en esto Jesús ha hecho silencio, y yo oía el sonido del armonio que tocaba
en la capilla, y Jesús ponía atención para oír, y después ha agregado:
(4) “¡Oh, cómo me siento feliz porque este sonido deleita a la pequeña hija de mi Querer, y
Yo, oyéndolo también me deleito! ¡Cómo es bello hacernos felices juntos, hacer feliz a quien
me ama es la más grande de mis felicidades”.
(5) Y yo: “Jesús, Amor mío, mi felicidad para mí eres Tú sólo, todas las otras cosas no tienen
ningún atractivo para mí”.
(6) Y Jesús: “Ciertamente que para ti la mayor felicidad soy Yo, porque contengo la fuente,
el principio de todas las alegrías y felicidades, pero gozo al darte las pequeñas felicidades, y así
como las siento y las gozo Yo, quiero que las sientas y las goces tú junto Conmigo”.
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