el cetro de Reina Divina y le ceñía la frente con la corona de mando, constituyéndola Emperatriz
de todo el universo”.
(3) Entonces yo me sentía como aniquilada en mí misma, las largas privaciones de mi dulce
Jesús, que me dejan como sin vida, han quemado el pequeño átomo de mi existencia, el cual,
estando continuamente expuesto a los rayos ardientes del Sol del Fiat Divino, se siente secar
todos los humores, y mientras se seca no muere ni se consume; así que no sólo me sentía
oprimida, sino deshecha. Y mi dulce Jesús, como si quisiera aliviarme, haciéndose sentir en mi
interior, dándome un beso me ha dicho:
(4) “Hija mía, ánimo, no te abatas, quiero que goces tu suerte feliz, porque mi Querer Divino
invistiéndote y dardeándote te quita todos los humores humanos y te los cambia en humores de
luz divina. Hoy es la fiesta de la Inmaculada Concepción, mares de amor, de belleza, de potencia
y de felicidad desbordan de la Divinidad sobre de esta Celestial criatura, y lo que impide que las
criaturas puedan entrar en estos mares es la voluntad humana. Nosotros lo que hacemos una
vez, permanece con el acto continuado de hacerse siempre, sin cesar jamás. En la Divinidad
es naturaleza el dar, sin que jamás termine el acto. Así que estos mares están desbordando
aún, y la Reina Madre espera a sus hijas para hacerlas vivir en estos mares, para convertirlas
en tantas pequeñas reinas, pero le está prohibida la entrada a la voluntad humana, no hay lugar
para ella, y sólo puede tener acceso quien vive de Voluntad Divina. Por eso hija mía, puedes
entrar cuando quieras en los mares de tu Mamá, mi Divina Voluntad te avala y con Ella tendrás
libre el paso y la entrada, es más, Ella te espera, te quiere con Ella, y a Nosotros y a Ella nos
volverás doblemente felices por causa de tu felicidad. Nosotros nos sentimos más felices con
dar, y cuando la criatura no toma nuestros bienes, sofoca en Nosotros la felicidad que queremos
darle. Por eso no quiero que estés oprimida, hoy es la fiesta más grande, porque la Divina
Voluntad tuvo vida en la Reina del Cielo, fue la fiesta de todas las fiestas, fue el primer beso, el
primer abrazo divino que la criatura daba a su Creador en virtud de nuestro Fiat, que la Soberana
niña poseía, la criatura que se sentaba a la mesa con su Creador. Así que hoy es también tu
fiesta, en modo especial por la misión que te ha dado mi Divina Voluntad. Por eso ven a los
mares de la Inmaculada Reina a gozar su, y tu fiesta”.
(5) Entonces me he sentido transportar fuera de mí misma en estos mares interminables, pero
me faltan palabras para decir lo que he sentido, por eso mejor hago punto y sigo adelante.
(6) Después de esto, el día que el confesor ha leído públicamente lo que está escrito en el 15°
volumen sobre la Inmaculada Concepción, mi amado Jesús, conforme oía que leía hacía fiesta
en mi interior y me ha dicho:
(7) “Hija mía, cómo estoy contento, se puede decir que hoy mi Mamá Soberana recibe de la
Iglesia los honores divinos, honrando en Ella, como primer acto de su vida, la Vida de la Divina
Voluntad. Estos son los honores más grandes que se le pueden dar, porque el querer humano
no tuvo jamás vida en Ella, sino siempre, siempre la Divina Voluntad. El secreto de su Santidad,
de su altura, potencia, belleza y grandeza, y todo lo demás, fue mi Fiat, que con su calor
extinguió la mancha de origen y la concibió inmaculada y pura, y mi Iglesia, en vez de honrar a
mi Voluntad Divina, causa primaria y acto primero, honraba los efectos de Ella y la proclamaba
Inmaculada, concebida sin pecado. Se puede decir que la Iglesia le daba los honores humanos
y no los honores divinos, los cuales justamente se merece, porque una Voluntad Divina tuvo
Vida continua en Ella. Y esto era un dolor para Mí y para Ella, porque ni Yo recibía de mi Iglesia
los honores de una Voluntad Divina habitante en la Reina del Cielo, ni Ella los honores debidos
por haber dado en Ella el lugar para formar la Vida del Fiat Supremo. Por eso, hoy, con hacer
conocer que todo fue en Ella el prodigio de mi Querer, y que todas sus otras prerrogativas y
privilegios fueron en orden secundario y como consecuencia de los efectos de aquella Voluntad
Divina que la dominaba, se puede decir que hoy se festeja con decoro, gloria divina y
magnificencia la fiesta de la Inmaculada Concepción, que se puede llamar con más verdad: ‘La