en este tabernáculo de mi Fiat Divino no me siento prisionero, poseo el interminable confín de
mi Querer, no me siento solo, tengo quien me haga perenne compañía, y ahora hago de maestro
y te doy mis lecciones celestiales, ahora hago mis desahogos de amor y de dolor, ahora festejo
hasta entretenerme contigo, así que si rezo, si sufro, si lloro y si festejo, no estoy jamás solo,
tengo a la pequeña hija de mi Querer Divino junto Conmigo, y además tengo el gran honor y la
conquista más bella, que más me agrada, cual es una voluntad humana toda sacrificada por Mí
y como escabel de mi Voluntad Divina, podría llamarla mi tabernáculo predilecto, porque
encuentro tanto gusto, que no lo cambiaría con mis tabernáculos eucarísticos, porque en ellos
estoy solo, la hostia no me da una Voluntad Divina como la encuentro en ti, que bilocándose,
mientras la tengo en Mí la encuentro también en ti, en cambio la hostia no es capaz de poseerla,
ni me acompaña en mis actos, estoy siempre solo, todo es frío en torno a Mí, el tabernáculo, el
copón, la hostia, son sin vida, por lo tanto no me dan compañía. Por eso he sentido tanto gusto
en tener cerca de mi tabernáculo eucarístico el de mi Divina Voluntad formado en ti, porque sólo
con mirarte siento que se rompe la soledad y siento las puras alegrías que puede darme la
criatura que hace reinar en ella a mi Divina Voluntad. He aquí el por qué todas mis miras, mis
premuras y mis intereses son por hacer conocer mi Divina Voluntad y hacerla reinar en medio a
las criaturas, porque entonces cada criatura será un tabernáculo vivo, no mudo sino hablante, y
no estaré más solo, sino que tendré mi perenne compañía, y con mi Divina Voluntad bilocada
en ellas tendré mi compañía divina en la criatura. Entonces tendré mi Cielo en cada una de
ellas, porque el tabernáculo de mi Voluntad Divina posee mi Cielo en la tierra”.
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25-11
Diciembre 5, 1928
Quien hace y vive en el Querer Divino, es como si
hiciera descender el sol a la tierra. Diferencia.
(1) Me sentía toda inmersa en el Querer Divino, mi pobre y pequeña mente me la siento atada
a un punto altísimo de luz, que no tiene confines y no se puede ver ni a donde llega su altura, ni
donde termina su profundidad; y mientras la mente se llena de luz, está circundada por la luz,
tanto, que no ve más que luz, ve que poco toma de esta luz, porque hay tanta, pero su capacidad
es tan pequeña que le parece tomar apenas una gotita. ¡Oh! cómo se está bien en medio a esta
luz, porque ella es vida, es palabra, es felicidad, el alma siente todos los reflejos de su Creador
y siente que se da a luz en su seno a la Vida Divina. ¡Oh Voluntad Divina, cómo eres admirable,
sólo Tú eres la fecundadora, la conservadora y la bilocadora de la Vida de Dios en la criatura!
Pero mientras mi mente se perdía en la luz del Fiat Supremo, mi dulce Jesús moviéndose en mi
interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, el alma que vive en mi Voluntad Divina es más que si hiciera descender el sol a
la tierra, ¿qué sucedería entonces? La noche sería desterrada de la tierra, sería siempre pleno
día. Y con tener siempre contacto con el sol, no sería más un cuerpo oscuro, sino luminoso, y
la tierra no mendigaría los efectos del sol, sino que recibiría en sí misma la sustancia de los
efectos de la luz, porque sol y tierra harían vida común y formarían una sola vida. ¡Qué diferencia
con que el sol esté en la altura de su esfera y la tierra en su bajeza! En este caso la pobre tierra
está sujeta a la noche, a las estaciones y a pedir al sol el formar las bellas florituras, los colores,
la dulzura, la maduración de sus frutos; y el sol no es libre de poder desahogar todos sus efectos
sobre la tierra si ésta no se quisiera prestar a recibirlos, tanto, que en ciertos puntos de la tierra
el sol no siempre llega, otros puntos son áridos y sin plantas. Esto no es otra cosa que
semejanza de quien hace mi Divina Voluntad y vive en Ella, y de quien vive en la tierra de su
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