Voluntad; ella corre en la luz del sol como efecto de nuestro Querer, en el cielo, en el mar, en el
viento, en todo, corre como la voluntad humana corre en todos los actos humanos y como la luz
del sol corre en todos sus efectos, así el alma corre en el Fiat en todos los efectos que Él posee
y produce. He aquí por qué el vivir en nuestro Querer es el prodigio más grande, y si nuestra
Divinidad quisiera hacer algo más grande, no lo podría, ni encontraría otra cosa más grande,
más prodigiosa, más potente, más bella, más feliz, que nuestro Querer para poder dar a la
criatura, porque con el dar nuestra Divina Voluntad damos todo, y su potencia hace nuestro eco
en el fondo del alma y nos forma nuestras imágenes más bellas, y el eco de la pequeñez humana
hace uno solo con el nuestro, de modo que uniéndose a nuestro primer acto, corre y se difunde
en todos los efectos que produce el acto único de Dios”.
(3) Después de esto mi amable Jesús se hacía ver como pequeño niño, el cual poniéndome
los brazos en mi cuello me ha dicho:
(4) “Mamá mía, mamá mía; quien hace mi Divina Voluntad se vuelve madre, mi Fiat Divino
me la embellece, la transforma y la vuelve fecunda, de tal modo de darle todas las cualidades
para ser verdadera madre; y Yo me voy formando esta madre con los reflejos del Sol del Querer
Divino, y me glorío y tomo tanto gusto con llamarla mamá mía, mamá mía. Y no sólo la escojo
por madre mía, sino que llamo a tantos otros pequeñitos y les doy a mi madre por madre de
ellos”.
(5) Y mientras esto decía me hacía ver en torno a mí a tantos pequeños niños y niñas, y el
niño Jesús les decía: “Ésta es mi madre y la vuestra”. Aquellos pequeños hacían fiesta y se
estrechaban todos a mi alrededor junto con Jesús, y Jesús ha continuado:
(6) “Estos pequeños que tú ves no son otra cosa que el primer grupo de hijos de mi Querer
Divino, en Él todos serán pequeños, porque mi Divina Voluntad tiene virtud de conservarlos
frescos y bellos como han salido de nuestras manos creadoras, y como ha llamado a tu
pequeñez a vivir en Ella, es justo que como primera seas la pequeña mamita de los pequeños
niños”.
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25-9
Noviembre 20, 1928
Quien vive en el Querer Divino está en posesión del día perenne,
no conoce la noche y se vuelve dueña de Dios mismo.
(1) Me sentía toda abismada en el Fiat Supremo, y mi pobre mente se perdía en tantas
verdades sorprendentes para mi pequeña capacidad. Todas las manifestaciones que mi dulce
Jesús me había dicho sobre su Santo Querer se alineaban en mi pobre alma como tantos soles
de belleza encantadora, uno distinto del otro, con la plenitud de cada alegría y felicidad que cada
verdad poseía, y que mientras parecían distintos estos soles, formaban uno solo. ¡Qué encanto,
qué belleza raptora! Estos soles asediaban a mi pequeña inteligencia y yo nadaba en esta luz
interminable, y como sorprendida pensaba en tantas cosas acerca de la Divina Voluntad, y mi
siempre amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, hija amadísima de mi Querer, quien es hija de Él está en posesión del día
perenne que no conoce la noche. Todo es luz para quien vive en mi Querer, sus propiedades
son luz, belleza, alegría y felicidad. Y esto es nada, Nosotros con dar nuestra Voluntad a la
criatura la volvemos dueña de Nosotros mismos, y nos ponemos a su disposición; la hacemos
hacer y vencer lo que quiere, porque no es un querer humano el que nos domina, no, sino
nuestro mismo Querer, que habiéndose bilocado en la criatura, su hacer, decir y vencer no es