bendecir a aquélla donde reina mi Querer, y Yo para hacerla más solemne llamo a todas las
cosas creadas, a fin de que nadie quede excluido, sino que todos bendigan a mi hija; así que
llamo al sol a bendecirte, a fin de que la luz que él te da, te la dé bendiciéndote; llamo al agua a
bendecirte, a fin de que conforme la bebas te bendiga; llamo al viento, a fin de que a medida
que sopla, sople bendiciéndote; en suma llamo a todos, y mientras te bendicen, encontrando en
ti a mi Divina Voluntad, se sienten bendecir desde dentro de ti por la Voluntad de su Creador.
La fuerza de mi Querer Divino llama a todos, une a toda la familia celestial y da la fiesta a todos
cuando debe obrar sobre del alma donde reside y domina, por eso en esta mi prisión
sacramental, teniendo cerca a mi prisionera, siento las alegrías que puede darme mi Divina
Voluntad en el corazón de nuestra pequeña hija. Así que mis tantos dolores vienen
interrumpidos cuando debo bendecirte, cuando desciendo Sacramentado en tu corazón, cuando
desde este tabernáculo me siento mirado por ti, y Yo te correspondo con mis miradas pensando
que debo hacer o dar alguna cosa a nuestra pequeña recién nacida de nuestro Querer, pongo
todo a un lado, aun mis mismos dolores y hago fiesta, porque mi Voluntad Divina posee alegrías
sin número y fiesta perenne. Por eso quiero que también tú te regocijes junto Conmigo, y
haciendo eco a mi bendición, bendíceme en el sol, en el agua, en el viento, en el aire que
respiras, en el latido que te palpita en el corazón, y Yo sentiré que en todas las cosas creadas
tú me bendices”.
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25-8
Noviembre 14, 1928
Así como la criatura posee la unidad humana, quien
vive en el Querer Divino posee la unidad divina. Quien
hace la Divina Voluntad se vuelve madre.
(1) Me siento toda abandonada en el santo Querer Divino y a pesar de las privaciones de
Jesús, mi pobre mente es llevada por una fuerza irresistible a seguir sus actos. Creo que sea
la misma Divina Voluntad que habiendo sojuzgado la mía, hace su curso llamando a todos sus
actos, como si en acto los estuviese haciendo, y yo, siguiéndola en sus actos, pensaba en los
primeros tiempos de la Creación, cuando todo era felicidad en el hombre, y que estando en la
Voluntad de su Creador vivía en su unidad, en la cual todo podía recibir y todo podía dar al Ente
Supremo, unidad significa todo. Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús moviéndose en mi
interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, Nosotros creamos al hombre con nuestra semejanza, por eso también él posee
su unidad humana. Por eso si habla, si obra, si camina y otras cosas, se pueden llamar los
efectos de su unidad, porque una es su voluntad, una su cabeza de la cual todos sus actos
dependen, por eso se puede decir que es la fuerza de la unidad de su voluntad que habla, que
obra, que camina, como efectos de ella; si el hombre no tuviese esta unidad, todos sus actos
estarían en contradicción entre ellos. Sucede como al sol, desde la altura de su esfera uno es
su acto de luz, y como posee la unidad de la luz, dada a él por su Creador, mientras es un solo
acto, sus efectos de luz son innumerables. Ahora, para quien hace y vive en mi Divina Voluntad
cesa el querer humano, su vida termina, no tiene más razón de existir, porque comienza la vida
de la unidad de la mía, y así como la mía es un solo acto y todo lo que ha creado o puede hacer,
se pueden llamar los efectos de este acto solo, por eso el alma viviendo en esta unidad de mi
Querer Divino como en su propio centro, se encuentra en todos los efectos del acto único de Él,
y ¡oh! cómo es bello ver esta criatura en todos los efectos que sabe y puede producir nuestra