la criatura otras manifestaciones que le pertenecen. Mientras mi mente se perdía en esta luz,
mi dulce Jesús moviéndose en ella, que parecía que estaba como abismado en dicha luz, me
ha dicho:
(2) “Hija mía, por cuantas verdades te he manifestado sobre mi Divina Voluntad, tantas luces
se han desprendido de nuestro seno divino y se han fijado en ti, pero sin separarse del centro
de tu Creador, porque la luz es inseparable de Dios, se comunica, se fija en la criatura, pero no
pierde jamás su centro de donde ha salido. Cómo es bello ver a la criatura fijada por todas estas
luces que tienen virtud de hacer resurgir en la criatura a Aquél que la ha creado, y tantas veces
por cuantas verdades le vienen manifestadas. Y como lo que te he manifestado sobre mi Divina
Voluntad son verdades innumerables, tantas que tú misma no puedes llegar a numerarlas todas,
tantas luces, o sea tantos rayos luminosos son fijados en ti, que descienden de Dios, pero sin
separarse de su seno divino. Estas luces forman el más bello adorno en ti y el don más grande
que podías recibir de Dios, porque estando estas verdades fijadas en ti, te dan el derecho sobre
las propiedades divinas, y tantos derechos por cuantas verdades te ha manifestado. Tú no
puedes comprender la gran dote con la cual has sido dotada por Dios con estas verdades, que
como tantas luces están fijadas en tu alma. Todo el Cielo está maravillado al ver tantas luces
en ti, todas ellas preñadas de otras tantas Vidas Divinas; y conforme tú las comunicas a las otras
criaturas, esta luz se mueve, se fija en los otros corazones pero sin dejarte a ti, y forma la Vida
Divina a donde llega. Hija mía, qué gran tesoro te ha sido confiado con tantas verdades que te
he dicho sobre mi Divina Voluntad, tesoro que tiene su fuente en el seno divino, que dará siempre
luz sin cesar jamás. Más que sol son mis verdades, pues el sol da luz a la tierra, la inviste, la
fija y con fijarla da a luz sobre su superficie y a cada cosa, los efectos y los bienes que contiene
su luz, pero celoso no separa la luz de su centro, tan es verdad, que en cuanto pasa a iluminar
otras regiones la tierra queda a oscuras; en cambio el Sol de mis verdades, mientras no se
separa de su centro, fijándose en el alma forma en ella el día perenne”...
(3) Después de esto se daba la bendición con el Santísimo Sacramento, y yo le rogaba de
corazón que me bendijera, y Jesús moviéndose en mi interior, haciendo eco a lo que hacía Jesús
en el Sacramento, levantaba su mano bendita en acto de bendecirme y me ha dicho:
(4) “Hija mía, te bendigo el corazón y sello mi Divina Voluntad en él, a fin de que palpite en
todos los corazones tu latido unido con mi Voluntad Divina, para que llame a todos los corazones
a amarla; bendigo tus pensamientos y sello mi Divina Voluntad en ellos, a fin de que llame a
todas las inteligencias a conocerla; te bendigo la boca, a fin de que corra mi Divina Voluntad en
tu voz, y llame a todas las voces humanas a hablar de mi Fiat; toda te bendigo hija mía, a fin de
que todo llame en ti a mi Querer Divino, y corra a todos para hacerlo conocer. ¡Oh! cómo me
siento más feliz al obrar, rezar, bendecir, en quien reina mi Querer, en esta alma encuentro la
vida, la luz, la compañía, y todo lo que Yo hago súbito surge y veo los efectos de mis actos y no
estoy solo si rezo, si obro, sino que tengo la compañía y quien trabaje junto Conmigo. En cambio
en esta prisión sacramental, los accidentes de la hostia son mudos, no me dicen una sola
palabra, hago todo por Mí solo, no siento un suspiro que se una con el mío, ni un latido que me
ame, más bien es un frío de sepulcro para Mí, que no sólo me tiene en prisión, sino que me
sepulta, y Yo no tengo a quién decir una palabra, ni con quién hacer un desahogo, porque la
hostia no habla, estoy siempre en silencio, y con una paciencia divina espero los corazones que
me reciban para romper mi silencio y gozar un poco de compañía. Y en el alma donde encuentro
a mi Divina Voluntad me siento repatriarme a mi patria celestial”.
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