prisioneras, en las cuales no veo mis mismas cadenas; ahora finalmente ha llegado el tiempo
de tener una prisionera, para tenerla continuamente cercana, bajo mis miradas sacramentales,
y que sólo las cadenas de mi Voluntad Divina la tienen prisionera. Compañía más dulce y más
agradable no podía tener, por lo tanto, mientras estemos en prisión nos ocuparemos del reino
del Fiat Divino y trabajaremos juntos y nos sacrificaremos para hacerlo conocer a las criaturas”.
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25-2
Octubre 10, 1928
Cuarenta años y más de exilio, virtud y fuerza de un sacrificio prolongado.
Recopilación de materiales para ordenarlos. Felicidad de Jesús al bendecir
a su pequeña hija prisionera, besos en el Querer Divino. Decisión de los
sacerdotes de preparar los escritos para la publicación. Gracias
sorprendentes que Jesús dará a los sacerdotes.
(1) Mi vida se desenvuelve ante mi Sacramentado Jesús, y ¡oh! cuántos pensamientos se
acumulan en mi mente. Pensaba entre mí: “Después de cuarenta años y meses que no había
visto el tabernáculo, que no me era dado el estarme ante su adorable presencia Sacramental,
cuarenta años no sólo de prisión sino de exilio, y después de tan largo exilio finalmente he
regresado, si bien prisionera, pero no más exiliada, como en patria, cerca de mi Sacramentado
Jesús, y no una vez al día como lo hacía antes que Jesús me hiciera prisionera, sino siempre,
siempre. Mi pobre corazón, si bien lo tengo en el pecho, se siente consumir ante tanto amor de
Jesús.” Pero mientras esto y otras cosas pensaba, mi Sumo Bien Jesús, moviéndose en mi
interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿crees tú que sea intrascendente el haberte tenido prisionera por cuarenta años
y más, sin un gran designio mío? ¡No, no! El número cuarenta ha sido siempre significativo y
preparativo para obras grandes. Cuarenta años los hebreos caminaron el desierto sin poder
alcanzar la tierra prometida, su patria, pero después de cuarenta años de sacrificios tuvieron el
bien de tomar posesión de ella, pero cuántos milagros, cuántas gracias, hasta llegar a
alimentarlos con el maná celestial en tal tiempo; un sacrificio prolongado tiene virtud y fuerza de
obtener cosas grandes de Dios. Yo mismo en mi vida acá abajo quise estar cuarenta días en el
desierto, apartado de todos, hasta de mi Mamá, para salir en público a anunciar el Evangelio
que debía formar la vida de mi Iglesia, esto es, el reino de la Redención; cuarenta días quise
permanecer resucitado para confirmar mi Resurrección y poner el sello a todos los bienes de la
Redención. Así he querido para ti hija mía, para manifestar el reino de mi Divina Voluntad he
querido cuarenta años de sacrificios, pero cuántas gracias no te he hecho, cuántas
manifestaciones, puedo decir que en esta prolijidad de tiempo he puesto en ti todo el capital del
reino de mi Querer y todo lo que es necesario para hacerlo comprender a las criaturas. Así que
tu larga prisión ha sido el arma continua, siempre en acto de combatir con tu mismo Creador,
para hacer que te manifestara mi reino.
(3) Ahora, tú debes saber que todo lo que he manifestado a tu alma, las gracias que te he
hecho, las tantas verdades que has escrito acerca de mi Divina Voluntad, tus penas y todo lo
que has hecho, no ha sido otra cosa que una recopilación de materiales para edificar, y ahora
es necesario ordenarlos y poner todo en orden. Y así como no te he dejado sola en recopilar
las cosas necesarias que deben servir a mi reino, sino que he estado siempre contigo, así no te
dejaré sola para ponerlas en orden y hacer ver el gran edificio que por tantos años he estado
preparando junto contigo, por eso nuestro sacrificio y trabajo no ha terminado, debemos seguir
adelante hasta que esté terminada la obra”.
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