y venir a Mí, y Yo reconocía en ellos a las primicias del reino de la Redención, así reconozco en
este núcleo de personas, de niñas y religiosas, el inicio del reino de mi Divina Voluntad. ¡Oh,
cómo exulta mi corazón y goza, y todo el Cielo hace fiesta, así como los ángeles festejaron mi
nacimiento, así ellos festejan el inicio del renacimiento de mi Fiat en medio a las criaturas. Pero
mira cómo mi nacimiento fue más descuidado, más pobre, no tuve ni siquiera un sacerdote cerca
a Mí, sino sólo pobres pastores. En cambio en el inicio de mi Querer no sólo hay un núcleo de
religiosas y niñas extranjeras, un pueblo que acude a festejar la apertura, sino que hay un
Arzobispo y sacerdotes representantes de mi Iglesia, esto es símbolo y anuncio a todos, que el
reino de mi Querer Divino será formado con más magnificencia, con pompa y esplendor mayor
que el mismo reino de la Redención, y todos, reyes y príncipes, obispos, sacerdotes y pueblos,
conocerán el reino de mi Fiat y lo poseerán, por eso también tú festeja este día en el cual, mis,
y tus suspiros y sacrificios por hacer conocer mi Divina Voluntad ven los primeros albores y
esperan que pronto surja el Sol de mi Fiat Divino”.
(5) Luego, habiendo llegado la noche de este día consagrado a la Reina del Rosario, Reina
de las victorias y de los triunfos, pensaba que éste es otro bello signo, que así como la Soberana
Señora venció a su Creador, y entretejiéndolo con sus cadenas de amor lo atrajo del Cielo a la
tierra para hacerle formar el reino de la Redención, así la corona dulce y potente de su Rosario
la hará de nuevo victoriosa y triunfadora hacia la Divinidad, tanto, de conquistar el reino del Fiat
Divino para hacerlo venir en medio a las criaturas.
(6) Yo no pensaba de hecho que aquella misma noche debiera ir a la casa de la Divina
Voluntad junto a mi prisionero Jesús, sólo le rogaba que no me hiciera saber cuándo sucedería
para no profanar con mi voluntad humana este acto, que nada metiese de mío, sino que en todo
obrase el Divino Querer. Eran las 8 de la noche, y fuera de lo acostumbrado vino el confesor,
al cual le habían rogado las reverendas madres superioras se impusiera sobre mí, por
obediencia, para que yo cediera a consentir con ellas. Resistí cuanto pude, porque pensaba
que si el Señor quisiera que fuera en el mes de abril, estación más caliente, entonces lo pensaría.
Pero el confesor insistió tanto, que debí ceder. Hacia las nueve y media de la noche fui llevada
a esta casa, cerca de mi prisionero Jesús. Esta es la pequeña historia del por qué me encuentro
en esta casa de la Divina Voluntad.
(7) Ahora retomo mi narración: En la noche quedé sola con mi Sacramentado Jesús, mis ojos
estaban fijos en la puertecita del tabernáculo, la lámpara con su temblor continuo me parecía
que ahora se quisiera apagar, pero después se reavivaba, y yo sentía un sobresalto en el
corazón temiendo que Jesús pudiese quedar a oscuras. Y mi siempre amable Jesús,
moviéndose en mi interior me ha estrechado entre sus brazos y me ha dicho:
(8) “Hija mía, no temas, que la lámpara no se apaga, y si se apagara te tengo a ti, lámpara
viva, lámpara que con tu temblor, más que temblor de la lámpara eucarística me dice ‘te amo,
te amo, te amo.’ ¡Oh, cómo es bello el temblor de tu te amo, me dice amor, y uniéndose con mi
Voluntad, de dos voluntades formamos una sola! ¡Oh, cómo es bella tu lámpara y el temblor de
tu te amo, no se puede comparar con la lámpara que arde ante mi tabernáculo de amor. Mucho
más que estando en ti mi Divina Voluntad, formas el temblor de tu te amo en el centro del Sol
de mi Fiat, y Yo veo y siento que no una lámpara, sino un sol me está delante. Sea bienvenida
mi prisionera, has venido a hacer compañía a tu Prisionero, los dos estamos en prisión, tú en la
cama y Yo en el tabernáculo, es justo que estemos juntos, mucho más que una es la finalidad
que nos tiene en prisión, la Voluntad Divina, el amor y las almas. Cómo me será agradable la
compañía de mi prisionera, estaremos juntos para preparar el reino de mi Fiat Supremo. Pero
debes saber hija mía, que mi Amor te ha precedido, Yo me he puesto primero en esta custodia,
prisionero, para esperar a mi prisionera y tu dulce compañía. Mira entonces cómo mi Amor ha
sido el primero en correr hacia ti, cómo te he amado y te amo, porque después de tantos siglos
de prisión en este tabernáculo no he tenido jamás una prisionera que me hiciera compañía, que
me estuviera cerca, cerca, he estado siempre solo, o a lo más en compañía de almas no