+ + + +
3-44
Febrero 26, 1900
La Divina Voluntad es felicidad de todos.
(1) Después de haber pasado algunos días de privación, cuando a lo más venía alguna vez
como sombra y huía, yo sentía tal pena que me deshacía en lágrimas, y el bendito Jesús
teniendo compasión de mi dolor, ha venido y me veía y me veía, y después me ha dicho:
(2) “Hija mía, no temas, que no te dejo; ahora, cuando estés sin mi presencia no quiero que
te desanimes, más bien, de hoy en adelante cuando estés privada de Mí, quiero que tomes mi
Voluntad y que en Ella te deleites, amándome y glorificándome en Ella y teniendo a mi Voluntad
como si fuese mi misma Persona. Haciéndolo así tú me tendrás en tus mismas manos. ¿Qué
cosa forma la bienaventuranza del Paraíso? Ciertamente mi Divinidad. Ahora, ¿qué formará la
bienaventuranza de mis amados en la tierra? Con certeza mi Voluntad. Ella no te podrá huir
jamás, la tendrás siempre en tu posesión, y si tú permaneces en el círculo de mi Voluntad, ahí
sentirás las alegrías más inefables y los placeres más puros. El alma, no saliendo jamás del
círculo de mi Voluntad, se vuelve noble, se diviniza y todas sus obras repercuten en el centro
del Sol divino, así como los rayos del sol repercuten en la superficie de la tierra, y ni uno solo
sale del centro que es Dios. El alma que hace mi Voluntad es la única noble reina que se nutre
de mi aliento, porque su alimento y su bebida no las toma más que de mi Voluntad, y nutriéndose
de mi Voluntad toda santa, en sus venas correrá una sangre purísima, su aliento exhalará un
fragante perfume que me recreará, porque será producido por mi mismo aliento. Por eso no
quiero otra cosa de ti, sino que formes tu bienaventuranza en el giro de mi Voluntad, sin salir
jamás, ni siquiera por un breve instante”.
(3) Mientras esto decía, en mi interior sentía una inquietud y un temor, porque el hablar de
Jesús indicaba que no iba a venir, y que yo debía aquietarme en su Voluntad. ¡Oh Dios, qué
pena mortal! ¡Qué estrechuras de corazón! Pero Jesús siempre benigno ha agregado:
(4) “¿Cómo puedo dejarte si tú eres víctima? Sólo dejaré de venir cuando tú dejes de ser
víctima, pero mientras seas víctima me sentiré siempre atraído a venir”.
(5) Así parece que quedé tranquila; pero me siento como circundada por la adorable Voluntad
de Dios, de modo que no encuentro ninguna abertura por la cual salir. Espero que me quiera
tener siempre en este cerco que me une toda a Dios.
+ + + +
3-45
Febrero 27, 1900
La Divina Voluntad ata a Jesús al alma. El gran mal de la murmuración.
(1) Habiéndome abandonado toda en la amable Voluntad de Nuestro Señor, yo me veía toda
circundada por mi dulce Jesús, por fuera y por dentro. Con el haberme abandonado en Él me
veía como si mi ser se hubiera vuelto transparente y a cualquier parte que volteaba veía a mi
sumo Bien, pero lo que me hacía maravillar era que mientras me veía rodeada por dentro y por
fuera por Jesús, así yo, mi pobre ser, mi voluntad, circundaba a Jesús como dentro de un círculo,
de modo que Él no encontraba la abertura para poderse salir, porque mi voluntad unida a la
suya lo tenía encadenado, sin que me pudiera huir. ¡Oh, admirable secreto de la Voluntad de mi
155 sig