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Septiembre 16, 1928
La Virgen al concebir, concibió el reino del Fiat; al nacer nos
restituyó los derechos de poseerlo. Dificultad en el escribir.
Heridas que recibe Jesús.
(1) Mi abandono en el Fiat es continuo, y mientras seguía sus actos, mi pobre mente se ha
detenido a pensar en la Concepción de la Celestial Reina y en su gran fortuna de ser preservada
de la mancha original, y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, el germen con el cual fue concebida la Soberana Celestial fue tomado de la
estirpe humana, porque también Ella tuvo su vida humana como todas las otras criaturas, como
la tuve también Yo, pero con esta gran diferencia, no concedida a ninguna otra criatura, que en
este germen humano, antes de que fuera concebida su bella alma, mi Fiat, con su Omnipotencia,
concentró sus rayos en este germen y con su luz y calor aniquiló e hizo morir lo que de mal
había en él, purificándolo del todo y volviéndolo puro y santo y exento de la mancha de origen,
y después fue concebida en este germen la Inmaculada Niña. Así que todo el portento de la
Inmaculada Concepción fue obrado por mi Divina Voluntad, no hizo otro germen humano, ni lo
destruyó, sino lo purificó y con su calor y luz le quitó todos los humores que había contraído este
germen por el pecado de Adán, e hizo regresar el germen humano en Ella tal como había salido
de nuestras manos creadoras; por eso en cuanto fue concebida la pequeña Virgen Reina, así
fue concebido en Ella y en las generaciones humanas el reino de mi Divina Voluntad, porque
Nosotros al formar y dar a una criatura gracias sorprendentes, miramos en ella la humanidad de
toda la familia humana como si fuera una sola. Mira entonces, en cuanto fue concebida la Virgen
en este germen exento de toda mancha, que fue obra del Fiat Divino, así quedó concebido de
nuevo en la humanidad su reino divino, y en cuanto la Inmaculada Virgen nació, así fue restituido
el derecho de poderlo poseer. Ahora, al venir Yo a la tierra a tomar carne humana me serví del
germen de la Soberana del Cielo, y se puede decir que junto con Ella trabajamos para formar
de nuevo este nuestro reino en las generaciones humanas, por lo tanto no queda otra cosa que
conocerlo para poseerlo, y por eso estoy manifestando lo que pertenece al reino y a mi Voluntad
Divina, a fin de que la criatura recorra sus caminos, siga nuestros pasos y entre en posesión de
Ella, y mi Divina Voluntad con su calor y luz repetirá el prodigio de quitar los humores nocivos
que posee el germen humano, y para estar segura, pondrá el germen de su luz y calor y se
constituirá vida del germen, y así se intercambiarán la posesión: Mi Divina Voluntad tomará
posesión del germen para formar en él su Vida de luz, de calor y santidad, y la criatura regresará
a tomar de nuevo posesión del reino de mi Fiat Divino. Entonces mira hija mía, todo está
preparado, no se necesita otra cosa que hacerlo conocer, y por eso Yo tengo tanta premura de
que se conozca lo que respecta a mi Divino Querer, para poner en las criaturas el deseo de
poseer un bien tan grande, a fin de que mi Voluntad, atraída por los deseos de ellas, pueda
concentrar sus rayos luminosos y con su calor cumplir el prodigio de restituir el derecho de
poseer su reino de paz, de felicidad y de santidad”.
(3) Después de esto, debiendo escribir lo que Jesús me había dicho, me resultaba casi
imposible, y haciendo el primer intento, el segundo y el tercero, y viendo que no lo conseguía,
pensaba entre mí que el bendito Jesús no quería que yo escribiera más, y por eso también yo
no debía quererlo, así que he quitado el pensamiento de esforzarme más, pero después he
querido probar de nuevo y parece que lo he conseguido, y con más facilidad que las otras veces,
entonces pensaba entre mí: “¿Y por qué tantos sacrificios, tantas fatigas, pruebas y más
pruebas para escribir sin poderlo hacer, y después de tantas fatigas hacerlo con facilidad?” Y
mi dulce Jesús saliendo de mi interior me ha dicho: