creerlo, y es casi imposible no tener algún pequeño disgusto con Él. Entonces, después de haber
usado la paciencia al esperarlo y esperarlo, finalmente ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, el don de la pureza no es don natural, sino que es gracia conseguida, y esta se
obtiene con volverse atractiva, y el alma se hace tal con la mortificación y los sufrimientos. ¡Oh,
cómo se vuelve atractiva el alma mortificada y sufriente, cómo es hermosa, y Yo siento tal
atracción hacia ella que enloquezco por esta alma y todo lo que quiere le doy. Tú, cuando estés
privada de Mí, sufre mi privación, que es la pena más dolorosa para ti, por amor mío, y Yo sentiré
más atracción que antes y te concederé nuevos dones”.
+ + + +
3-42
Febrero 23, 1900
La señal más cierta para conocer si un estado es Voluntad de Dios.
(1) Esta mañana después de haber perdido casi la esperanza de que el bendito Jesús viniera,
de improviso ha venido y me ha renovado las penas de la crucifixión y me ha dicho:
(2) “El tiempo ha llegado, el fin se acerca, pero la hora es incierta”.
(3) Y yo, sin poner atención al significado de las palabras que decía, quedé en duda si debía
atribuirlo a mi completa crucifixión o bien a los castigos, y le dije: “Señor, cuánto temo que mi
estado no sea Voluntad de Dios”.
(4) Y Él: “La señal más cierta para conocer si es Voluntad mía un estado, es que uno siente
la fuerza para sostener ese estado”.
(5) Y yo: “Si fuese tu Voluntad no sucedería este cambio, que no vienes como antes”.
(6) Y Él: “Cuando una persona se vuelve familiar en una familia, no se usan tanto esas
ceremonias, esas consideraciones que se usaban antes cuando era extraña. Así hago Yo. Sin
embargo, esto no es señal que sea voluntad de esa familia no quererla tener con ellos, ni que
no la amen más que antes. Por eso estate quieta, déjame hacer a Mí, no quieras atormentarte
el cerebro ni turbar la paz del corazón; cuando llegue el tiempo oportuno conocerás mi obrar”.
+ + + +
3-43
Febrero 24, 1900
Luisa resiste a la obediencia.
(1) Esta mañana me encontraba toda llena de temor, creía que todo era fantasía, o sea,
demonio que quería ilusionarme. Entonces todo lo que veía lo despreciaba y me disgustaba:
Veía al confesor que ponía la intención de que Jesús me renovara los dolores de la crucifixión,
y yo trataba de resistir. El bendito Jesús al principio me toleraba, pero como el confesor renovaba
la intención, entonces Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, parece que esta vez faltaremos a la obediencia. ¿No sabes tú que la obediencia
debe sellar al alma, y que la obediencia debe hacer al alma como blanda cera, de modo que el
confesor pueda darle la forma que quiera?”
(3) Así, no tomando en cuenta mis resistencias me ha participado los dolores de la crucifixión,
y yo, no pudiendo resistir más a todo esto, porque no quería por el temor de que no fuese Jesús,
he debido sucumbir bajo el peso de los dolores. Sea siempre bendito y todo sea para glorificarlo
en todo y siempre.