24-41
Septiembre 5, 1928
Penas de Jesús y competencia de luz. Los actos en el Fiat
son piedras y viento en el mar de la Divina Voluntad.
(1) Me sentía privada de mi dulce Jesús y deliraba por su regreso, pero ¡ay de mí! Mientras
mi pobre corazón era torturado, mi amado Jesús ha redoblado mis penas haciéndose ver todo
llagado, coronado de espinas, pero tan encarnadas estas espinas que no se podían ver; qué
escena tan conmovedora y dolorosa, se ha arrojado en mis brazos para ser curado, ¡oh, cómo
sufría, gemía, se agitaba, yo lo he estrechado entre mis brazos, quería quitarle las espinas, pero
me resultaba imposible, tan encarnadas estaban, y Jesús sollozando me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuánto sufro, si supieras cuánto me ofenden las criaturas y cómo ellas mismas
arman a mi Justicia para hacerse golpear”.
(3) Y mientras esto decía parecía que descendían del cielo rayos, llamas, granizo, para
golpear a las criaturas; yo he quedado asustada, pero más espanto me daba ver a Jesús tan
bárbaramente reducido. Entonces continuaba rezando y decía entre mí: “¡Oh, cómo quisiera
convertir todo, pensamientos, palabras, obras, pasos de todas las criaturas en Voluntad de Dios,
a fin de que el pecado no existiese más, quisiera eclipsarlas de luz del Querer Divino, a fin de
que investidas de luz y encantadas por ella, las criaturas bajo el eclipse de la luz divina perdieran
la fuerza, las pasiones, la voluntad de ofender a mi dulce Jesús”. Pero mientras esto pensaba,
mi amado Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, conforme el alma toma el empeño de querer convertir todos los actos humanos
en Voluntad mía, así forma sus rayos, que agrandándose toman la tierra como en su propio
puño, y elevándose al Cielo más que rayos solares, invisten el Sol de mi Voluntad, y arrojándose
en Ella forman un solo Sol, que formando como una competencia de luz, todo, Cielo y tierra
sufren el encanto y el eclipse del Sol de mi Voluntad, y también mi justicia sufre el eclipse de
esta luz, de modo que muchos flagelos son evitados”.
(5) Ahora, después de haber escrito por largo tiempo, mi dulce Jesús ha salido de dentro de
mi interior, y tomando mi rostro entre sus manos me ha dicho:
(6) “Hija mía, quiero pagarte por el sacrificio que has hecho de escribir”.
(7) Y yo: “Son tres noches que he escrito y no me has dado nada, me parece que ahora
mucho escaseas, ni me muestras más aquella gran complacencia que me mostrabas antes
cuando escribía, ni me ordenas más el escribir con aquél tu imperio amoroso como hacías antes,
a mí me parece que has cambiado”.
(8) Y Jesús: “No puedo cambiar, no es de la naturaleza divina el mutarse; la naturaleza
humana se cambia, la Divina jamás, por tanto está segura que en Mí nada ha cambiado, ¿pero
sabes qué quiero darte por paga? Mi misma Vida. Cada verdad que te manifiesto son dones
de Vida Divina que te hago, y te doy la libertad que no sólo tengas para ti este gran don, sino
que la puedes multiplicar para darla a quien tú quieras y a quien la quisiera recibir.
(9) Ahora, tú debes saber que cada acto, palabra, pensamiento hecho por la criatura en mi
Divina Voluntad, son piedrecillas que arroja en el mar de Ella, el cual encrespándose desborda
fuera para bien de todos; otras veces son tantos vientecillos, que haciendo crecer el mar de mi
Fiat, forma las olas más o menos altas, según la multiplicidad de los vientecillos que forma la
criatura en mi mar, y estas olas mientras se levantan, descienden de nuevo, parte en el mar y
parte inundan la tierra. ¡Oh! cómo es deleitable ver a la criatura, que ahora viene a arrojar sus
piedrecillas en nuestro mar, ahora que viene como a soplar y forma su vientecillo, y el mar le
sonríe con el encresparse, le hace las fiestas con el recibir el vientecillo y formar las olas, así
que el alma que vive y obra en mi Fiat, nos da la ocasión de hacer surgir nuestro mar y nos da
el campo para inundar la tierra y el Cielo, y como es Voluntad Divina que fluye, dispone a las