queriendo animar con tu voz todas las cosas creadas, desde la más grande hasta la más
pequeña, repites tu agradable estribillo: ‘Soy yo que te amo y te glorifico en el cielo, en el sol,
en el mar, en el viento y también en el pequeño pajarito que canta, en el corderito que bala, en
el perfume de la flor que se eleva a Ti’. Y así de todo lo demás. Es la Vida de mi Fiat, que como
tiene vida en toda la Creación, teniendo vida en ti te hace amar en todas las cosas que son
suyas”.
(3) Yo he quedado pensativa al oír que el hombre debía, en virtud del Fiat, poseer la razón
que debía poseer el sol, el mar, el viento, y mi amado Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, esto lo hace también el hombre, que en sus obras que hace no deja dentro su
razón, si se forma una habitación, si tiene un terreno y en él pone diversas plantas, si hace un
trabajo u otra cosa, son obras que no tienen razón, la razón se la reserva en sí, y si da razón la
da a su familia, que siendo no obras, sino hijos suyos, quiere que de sus obras tengan la razón,
a fin de que de ellas se sirvan según quiere el padre, y entonces recibir de ellos la gloria de sus
obras. Si esto hace el hombre, ¿por qué no podría Yo hacer otro tanto? Es más, con más orden
y obras múltiples para el bien del hombre y así tenerlo en torno a Mí, junto Conmigo y dentro de
Mí, y de tal manera unido, como Dios la cabeza y él los miembros, así como la Creación sus
miembros y él la cabeza de ella”.
(5) Después de esto seguía mis actos en la Redención, y deteniéndome cuando mi encantador
niño Jesús estaba en Egipto, y mi Mamá Celestial arrullándolo en su pobre cuna se ocupaba en
preparar los vestidos al pequeño niño, yo, poniéndome junto a la Mamá Reina, hacía correr mi
te amo en el hilo que servía al vestido de Jesús, y mecía la cuna para hacer dormir a mi celestial
Niño, haciéndole mis cantos de amor y pidiéndole el Fiat Divino, y mientras parecía que cerraba
los ojos al sueño, con mi sorpresa lo he visto alzar su cabecita, que mirando a nuestra Mamá
Divina y a mí, ha dicho con acento ternísimo:
(6) “Mis dos Mamás, mi Mamá y la pequeña hija de mi Querer, mi Voluntad Divina me las une
juntas y me las hace hacer a las dos de Mamá. ¿Por qué la Celestial Reina me es verdadera
Madre? Porque poseía la Vida de mi Fiat Divino, sólo Él le podía suministrar el germen de la
fecundidad divina para hacerme concebir en su seno y hacerme hijo suyo, así que sin mi Divina
Voluntad, Ella no podía absolutamente ser mi Mamá, porque ningún otro ni en el Cielo ni en la
tierra posee este germen de la fecundidad divina, que ni más ni menos es el que da la capacidad
de hacer concebir al Creador en la criatura. Mira entonces, mi Querer Divino me formó la Mamá
y me hizo su hijo, ahora me está formando a su pequeña hija por mamá mía, y me la hace
encontrar cerca de mi primera Madre para hacerla repetir sus actos, entrelazarlos juntos y
hacerla impetrar su reino, y por lo tanto hacerla repetir su germen divino y la fecundidad del Fiat
Voluntas Tua en las criaturas. Sólo mi Voluntad Divina puede todo y puede darme todo”.
(7) Después, cerrando los ojos al sueño, en el sueño repetía: “Mis dos Mamás, mis dos
Mamás”. Cómo era tierno y conmovedor el oírlo, cómo hería el corazón verlo que interrumpía
el sueño para decir: ‘Mis dos Mamás’. ¡Oh, Voluntad Divina, cómo eres amable, potente y
admirable! ¡Ah, desciende en los corazones de todos y pon en ellos este germen divino, a fin
de que su germen fecundo te forme tu reino y te haga reinar como en el Cielo así en la tierra!
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