inhábiles, o se vuelven enemigos de sí mismos y de los demás, por eso sucede que la persona
abre un camino a todos los demás vicios.
(2) Mi paciente Jesús toleraba todas esas coronas de espinas, y yo apenas tenía tiempo de
quitárselas, entonces se volteó hacia esa gente y les ha dicho:
(3) “Moriréis, quien en la guerra, quien en las cárceles y quien en terremotos, pocos
permaneceréis. La soberbia ha formado el curso de las acciones de vuestra vida, y la soberbia
os dará la muerte”.
(4) Después de esto, el bendito Jesús me ha sacado de en medio de aquella gente, y
haciéndose niño yo lo llevaba en mis brazos para hacerlo reposar. Él, pidiéndome un refrigerio
quería mamar de mí, yo, temiendo que fuese demonio lo he persignado varias veces con la cruz,
y después le dije: “Si verdaderamente eres Jesús, recemos juntos el Ave María a nuestra Reina
Mamá”. Y Jesús ha recitado la primera parte, y yo el Santa María. Después, Él mismo ha querido
decir el Padre Nuestro, ¡oh! cómo era conmovedora su oración, enternecía tanto, que el corazón
parecía que se derretía. Después ha agregado:
(5) “Hija, mi vida la tuve del corazón, a diferencia de los demás; he aquí una razón por lo que
soy todo corazón para las almas, y por qué soy llevado a querer el corazón, y no tolero en él ni
siquiera una sombra de lo que no es mío. Entonces entre tú y Yo quiero que todo sea totalmente
para Mí, y lo que darás a las criaturas no será otra cosa que el desbordamiento de nuestro
amor”.
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3-40
Febrero 20, 1900
Jesús es la luz del Cielo, de la cual todos toman sus pequeñas luces.
(1) Continua viniendo mi benigno Jesús. Después de haber recibido la Comunión me ha
renovado las penas de la crucifixión, y yo he quedado tan entumecida que sentía necesidad de
un alivio, pero no me atrevía a pedirlo. Después de un poco ha regresado como niño y me
besaba toda, y de sus labios corría leche, y yo he bebido a grandes sorbos esa leche dulcísima
de sus purísimos labios. Ahora, mientras esto hacía me ha dicho:
(2) “Yo soy la flor del edén celestial, y es tanto el perfume que expando, que ante mi fragancia
queda atraído todo el empíreo, y como Yo soy la luz que manda luz a todos, tanto, de tenerlos
abismados, todos mis santos toman de Mí sus pequeñas lucecitas, así que no hay luz en el Cielo
que no haya sido tomada de esta Luz”.
(3) ¡Ah sí! no hay ni siquiera olor de virtud sin Jesús, y no hay luz, aunque se fuera a lo más
alto de los Cielos, sin Él.
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3-41
Febrero 21, 1900
El don de la pureza es gracia conseguida, y esta se obtiene con la mortificación.
(1) Esta mañana mi amable Jesús ha comenzado a hacer sus acostumbradas demoras. Sea
siempre bendito; de verdad que se necesita una paciencia de santo para soportarlo, y hay que
tratar con Jesús para saber cuánta paciencia se necesita. Quien no lo experimenta no puede
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