vida en el Fiat Divino, jamás tuvo lugar en Ella el querer humano, su vida fue toda de Voluntad
Divina y en virtud de Ella concentró en Sí a todas las criaturas, concibiéndolas en su materno
corazón y bilocando tantas veces a su Hijo Jesús para darlo a cada una de las criaturas que
había concebido en su virginal corazón, por eso su Maternidad es extendida a todos, todos
pueden presumir y decir: ‘La Madre de Jesús es mi Madre, y esta Madre tan dulce, amable,
amante, nos da a cada uno a su Hijo amado como prenda de su amor materno’. Sólo mi
Voluntad podía darle esta virtud de concebir a todas las criaturas como hijos suyos y de
multiplicar tantas veces a su Jesús por cuantos hijos tenía. Ahora en el Cielo la Madre Soberana
poseyendo sus mares, no hace otra cosa que elevar olas altísimas de luz, de santidad, de amor,
etc., y las descarga sobre el trono del Ente Supremo, el cual para no dejarse vencer por el amor
de Ella, de debajo los mares de la Virgen Reina, donde tiene el suyo más extenso, más profundo,
forma sus olas más altas y las vierte sobre Ella, y Ella prepara las otras, y Dios las otras, de
modo que todo el empíreo queda anegado por estas olas de luz, de bellezas, de amor y
similares, tanto, que todos toman parte y gozan, y viendo que ellos, es decir los bienaventurados,
no pueden formar estas olas porque no poseen mares, comprenden que su Madre y Reina, si
todo esto posee, es porque formó su vida y santidad en la Voluntad Divina, así que los santos,
en la Virgen conocen qué significa Santidad de Querer Divino en la criatura, y por eso suspiran
a otras criaturas que lleven estos mares a la patria celestial, para ver formar otras olas
encantadoras y para su mayor gozo. La tierra no conoce aún la santidad en mi Voluntad, y por
eso amo tanto el hacerla conocer, pero al Cielo le es bien conocida porque está la Reina
Soberana, que con sólo verla se hace reveladora de la santidad de mi Fiat, así que Ella en virtud
de Él, en la tierra fue un portento de gracias para Sí y para toda la familia humana, y es portento
de gloria en la patria celestial, ninguna otra criatura se puede decir similar a Ella”.
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24-36
Agosto 18, 1928
Las penas en el Fiat son pequeñas gotitas y se llega a desearlas
ardientemente; ejemplo. Las verdades acerca de la Divina
Voluntad son Vidas Divinas y están todas expectantes
para hacer su oficio.
(1) Estaba haciendo mi acostumbrado giro en las obras de la Redención, y deteniéndome
ahora en una pena y ahora en otra de las que Jesús y la Celestial Reina habían sufrido, pensaba
entre mí: “Quién sabe cómo sus corazones quedaban ahogados en sus penas, y penas no
pequeñas: La Virgen que llegaba a sacrificar al propio Hijo, y el Hijo su propia Vida”. Y mi dulce
Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, como en Mí y en mi Madre reinaba el Fiat Divino, comprendíamos qué significaba
hacer y sufrir un acto en Él y el gran bien que se adquiría, entonces, en virtud de la gran
adquisición la pena parecía pequeña, como una gotita de agua en el inmenso mar, y para hacer
otras adquisiciones se suspiraba por otras ocasiones de obras y de penas, porque ante un acto
en mi Voluntad Divina, no hay pena, ni siquiera el sacrificio de la propia vida, que pueda igualar
una adquisición tan grande. Nosotros nos encontrábamos en las condiciones de una persona a
la que le viene ofrecido el bien de un trabajo, si bien fatigoso, pero la ganancia es tan grande
que pondría la propia vida para tener ocasión de tener otros trabajos similares, porque ante las
grandes adquisiciones las penas se suspiran, se anhelan, y se llega hasta arrebatarlas; si por el
trabajo de una jornada se pudiese ganar un reino, volverse él y toda su patria feliz, ¿quien no
haría el trabajo de un día? Si bien para Mí y para la Celestial Señora la patria era ya nuestra,
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