hacer que no dice al alma: ‘Hagámoslo juntos’. A fin de que pueda decir: Lo que he hecho Yo
por amor suyo, ella lo ha hecho por amor mío”.
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24-31
Julio 29, 1928
Significado de la bendición y de la señal de la cruz.
(1) Mis días se vuelven más amargos y largos por la privación de mi dulce Jesús, las horas
son siglos, los días no terminan jamás, y mientras hago mis acostumbrados giros en la Creación,
quiero e invito a todos a llorar a Aquél que alejándose de mí me deja sola y abandonada en mi
duro martirio de vivir como si no tuviese vida, porque Aquél que formaba la verdadera vida mía
no está más conmigo, y por eso en mi amargura llamo al sol para que llore lágrimas de luz para
enternecer a Jesús, para que regrese a su pequeña exiliada; llamo al viento para que derrame
lágrimas de gemidos, de aullidos, y con su imperio impetuoso ensordezca el oído de Jesús, a
fin de que lo haga retornar a mí; llamo al mar en mi ayuda, a fin de que todas sus aguas las
convierta en lágrimas, y murmurando lágrimas y haciendo estruendo con sus olas haga alboroto
hasta dentro de su corazón divino, para que mi todo se decida pronto a darme nuevamente su
vida; ¿pero quién puede decir mis desatinos? Buscaba ayuda de todos para que hicieran
regresar a Jesús, pero Él no venía, y yo seguía mi giro en su adorable Voluntad, y siguiendo sus
actos que hizo estando sobre esta tierra, me he detenido cuando Jesús bendecía a los niños,
bendecía a su Mamá Celestial, bendecía a las turbas y demás, y yo rogaba a Jesús que
bendijera a esta su pequeña hija que tanto tenía necesidad, y Él, moviéndose en mi interior y
alzando su brazo en acto de bendecirme me ha dicho:
(2) “Hija mía, te bendigo de corazón en el alma y en el cuerpo, mi bendición sea la
confirmación de nuestra semejanza en ti, ella te confirma lo que la Divinidad hizo en la creación
del hombre, esto es, nuestra semejanza, por eso tú debes saber que en el curso de mi Vida
mortal, en cada cosa que Yo hacía bendecía siempre, era el primer acto de la Creación que Yo
llamaba nuevamente sobre las criaturas, y para confirmarlo, bendiciendo invocaba al Padre, al
Verbo y al Espíritu Santo. Los mismos Sacramentos están animados por estas bendiciones e
invocaciones, así que mientras ésta llama la semejanza del Creador en las almas, llama junto la
Vida de mi Divina Voluntad, para que regrese como en el principio de la Creación a reinar en las
almas, porque sólo Ella tiene virtud de pintar en ellas, a lo vivo, la semejanza de Aquél que las
ha creado, de hacerlas crecer y conservarlas con los vivos colores divinos. Mira entonces qué
significa bendición: ‘Confirmación de nuestra obra creadora, porque la obra que Nosotros
hacemos una vez, está tan llena de sabiduría, de sublimidad y belleza, que amamos el repetirla
siempre’. Y si nuestra bendición no es otra cosa que el suspiro de nuestro corazón de ver
reintegrada nuestra imagen en las criaturas, y la repetición de nuestra confirmación de lo que
queremos hacer, la señal de la cruz que la Iglesia enseña a los fieles, no es otra cosa que
impetrar por parte de las criaturas nuestra semejanza, y por eso haciendo eco a nuestra
bendición repite: ‘En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo’. Así que sin conocerlo, la
Iglesia con todos los fieles armonizan con el Eterno Creador y quieren la misma cosa; Dios con
bendecir y pronunciar las palabras Padre, Hijo y Espíritu Santo quiere dar su semejanza, las
criaturas la impetran con el hacerse la señal de la cruz pronunciando las misma palabras”.
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